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Rafael Salcedo Castañeda (1944-2008)

Rafael Salcedo Castañeda

Rafa Salcedo, amigo del cine, de poetas, pintores, archivos y cinematecas. Apoyó siempre con su labor de periodista las actividades que se realizan desde la Cinemateca del Caribe, entidad de la que su esposa, con quien compartió los últimos años de su vida, fue primera directora. También al lado de Sara Harb Said, terminó la escritura del guión Salwa, la turca, próxima producción de largometraje colombiano. La Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano recibió su colaboración y apoyo para la realización del Primer Encuentro de Archivos Audiovisuales de Colombia, cuando se llevó a cabo en Barranquilla en 2004.

Desde el vespertino El Nacional, la Agencia Francesa de Prensa —AFP—, Última Página y la edición de El Tiempo Caribe, entre otros medios de prensa escrita, de los cuales fue responsable, principal y destacado, demostró lo mejor de su querida persona, siempre dispuesta, siempre fresca, siempre brindando su mano fraterna. Los que le conocimos y compartimos su amistad, con otros muchos, lo tenemos como faro de la tranquilidad y el entusiasmo, ante la tormenta de los contratiempos. Su maravilloso Ser Humano nos acompañará hasta el final del camino. Rafael Salcedo había nacido en Ciénaga, Departamento del Magdalena, el 25 de enero de 1945, falleció en Barranquilla el 15 de enero de 2008. Su amigo de siempre, el gran poeta Raúl Gómez Jattin (1945-1998) le dedicó el siguiente poema, más elocuente que lo que se pueda escribir, después del vacío que nos dejó su muerte.

Que ellas perdonen a Rafael Salcedo

(fragmento)

Pero el amigo es el amigo y ellas perdonen
No aguantan tanta parranda como Rafael Salcedo
Como Rafa Salcedo Castañeda de mi corazón
Armonía en la masculinidad de un alma
como la brisa inmensa y fresca del Universo
No aguantan tanta guitarra como el gran
amigo de mi vida entera el viejo Rafa
El cienaguero ilustre Bello y trágico
como un pájaro en medio de la tormenta

Elegía a Rafa Salcedo

Aquí viejo Rafa donde nuestro mar
Atlántico es helado y sardinero
lejos, en Francia, donde el voluntario azar
trajo un día nuestro corazón marinero
mi espíritu se enreda con el tuyo,
con tu energía y tus aires de conguero
para exaltar con mucho orgullo
la amistad tejida entre nosotros,
en el trajín de la prensa, ese barullo
que nos hace correr como potros
para contar lo que a diario acontece
en Barranquilla y también en otros
lugares, aunque siempre me parece
late el deseo del cine, de la filosofía
del poema que bajo el desgaste florece,
carnavaleros compartiendo alguna fría
conversando en el jardín de vuestra casa
cuyos cimientos el amor de Sara construía,
en Salgar, donde el tiempo no pasa,
refugio de nuestra generación,
Ramón, Arnulfo, Mutis y Roberto en la terraza
alegres en la contemplación
de vuestra pareja y de ese paisaje
de trinitarias y palmas en floración.
Ahora que con mucho aguaje
enfrentas el llamado de la tierra
como púgil en el momento del pesaje
tu generoso ser, lo opuesto de la guerra,
tu buen humor, tu hermana Lola
todos los vínculos que el amor encierra
vienen a enternecerme como la ola
que en el mar de nuestra vida
jamás deja la playa del alma sola...

Julio César Olaciregui