Primer Encuentro de Cine, Restauración y
Conservación del Patrimonio Fílmico organizado por la Pontificia
Universidad Católica de Chile
Por Rito Alberto Torres
Chile presenta en los últimos años una media anual
de algo más de diez estrenos comerciales de largometrajes nacionales
en sus pantallas y representa una de las cinematografías que más
sorprenden y llaman la atención en el contexto latinoamericano. Más
de treinta años después del golpe militar de 1973, Allende se
encontró con El Acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein,
1925), coincidencia que ocurrió en la cartelera cultural de una
ciudad con múltiples ofertas: Santiago. Durante el Primer
Encuentro de Cine, Restauración y Conservación del Patrimonio
Fílmico organizado por la Pontificia Universidad Católica de
Chile, entre el 31 de agosto y los primeros cuatro días de
septiembre de 2005, tuvo lugar el "estreno latinoamericano" del
clásico del cine soviético, restaurado por el Museo del Cine de
Berlín y "musicalizado en vivo" por dj Bitman. Al tiempo, se
estrenaba comercialmente en el mítico Cine Normandie, y en otras
salas, Salvador Allende (2005), documental dirigido por
Patricio Guzmán.
En el marco del Encuentro también se llevo a cabo la
Primera Muestra de Patrimonio Cinematográfico, durante la
cual se exhibieron cincuenta películas chilenas, siendo, sin lugar a
dudas, la más exhaustiva de los últimos años. Organizada
cronológicamente, presentó un grupo de filmes considerados de "alto
valor patrimonial", donde los cortometrajes documentales e
institucionales, de lejos, superaron en número a los atractivos
largos de ficción. Se vieron obras como Valparaíso mi amor
(Aldo Francia, 1969) Tres tristes tigres (Raúl Ruiz, 1968),
varios de los trabajos del documentalista Pedro Chaskel y obras
restauradas como El Húsar de la muerte (Pedro Sienna, 1926),
Bajo la cruz del sur (Adolfo Berchenko y Alberto Santana,
1948) y Ejército general de Bomberos, primer registro
cinematográfico filmado en Chile, estrenado en Valparaíso en 1902. A
pesar de que la muestra brindó un panorama de la cinematografía
chilena desde sus orígenes, esta oportunidad fue desaprovechada, en
cierta medida, por el público local.
Algunas de las películas provenían de los acervos
fílmicos recogidos, tanto por el Consejo Nacional de la Cultura y
las Artes, como por la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento,
archivo privado, sin ánimo de lucro, que lidera el empresario de
origen iraní Abdullah Omidvar. Estas colecciones y aquellas salvadas
de la desastrosa intervención militar sobre los archivos de
la Pontificia Universidad Católica y de Chile Films, en los días
posteriores al 11 de septiembre de 1973, seguramente serán la base
de la Cinemateca.
Nace la Cinemateca Chilena
La creación de la Cinemateca Chilena, primera en
constituirse legalmente en el siglo XXI y tal vez el último archivo
audiovisual en llamarse así, hace parte de los homenajes y acciones
previstas en la Ley del Bicentenario, recientemente aprobada
para conmemorar en 2010 los acontecimientos que rodearon el
nacimiento de Chile como república, en los comienzos del siglo XIX.
Filmoteca, cinemateca, archivo audiovisual: el nombre es lo de
menos. Lo que importa aquí y ahora, es que se logró que el Estado
asuma, mediante una Ley, su deber de conservar y preservar el
patrimonio nacional de imágenes en movimiento, lo cual redundará en
beneficio de la cultura audiovisual chilena.
Sin embargo, éste no ha sido el primer intento por
afianzar un archivo audiovisual en Chile. Hubo antes una Cinemateca
Nacional, proyecto de Chile Films en su etapa de la Unidad Popular,
favorecido por la actividad que generaban los Departamentos de Cine
de la Universidad Técnica del Estado, de la Universidad de Chile y
la Escuela de Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad
Católica. Esta iniciativa tuvo una efímera vida de tres meses. Tras
la caída del Presidente Allende, en septiembre de 1973, no hubo más
cinemateca y Chile Films entró en uno de sus períodos de
letargo.
A propósito, Chile Films se inauguró como unos estudios, considerados, en su
momento, como "costosos y suntuosos", en 1941. Su puesta en marcha
contó con el patrocinio de la CORFO, organismo del estado chileno
que ha servido de apoyo para la industria chilena en general y que
también soportó los varios renacimientos de Chile Films, hasta que
en 1989 se convirtió en empresa privada; un año después sus
instalaciones sufrieron un incendio que destruyó muchos materiales y
parte de las instalaciones lo cual no impidió que hoy sea un grupo
empresarial con sedes en Argentina, Brasil y México. Fue
precisamente en las instalaciones de la CORFO —muy cerca al Palacio
de La Moneda, frente al cual se construye el gran complejo cultural
que albergará la Cinemateca Chilena—, donde tuvo lugar una
video
conferencia que se difundió a varias regiones del país chileno y
que dio comienzo al encuentro de cinematecarios, como los
organizadores denominaron las sesiones académicas del evento.
El encuentro de cinematecarios
Estas sesiones académicas propiciaron la reunión
entre representantes de las instituciones chilenas encargadas de los
temas de conservación y preservación del patrimonio audiovisual e
invitados internacionales venidos de la Cinemateca Argentina, la
Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la Filmoteca Peruana.
Destacable fue la intervención de la profesora de
montaje y restauradora Carmen Brito Alvarado, quien relató sus
experiencias, primero como alumna de la Escuela de Comunicación de
la Universidad Católica, donde fue discípula del maestro Rafael C.
Sánchez celebre exsacerdote jesuita, autor de un libro clásico e
insuperable en idioma español: Montaje Cinematográfico arte en
movimiento, y quien fuera también el creador
del archivo fílmico de la Universidad Católica en 1958. Luego en su
intervención detalló los desafíos que afrontó para restaurar y
volver a editar Bajo la cruz del sur (Adolfo Berchenko y
Alberto Santana, 1948) valiéndose de las herramientas digitales,
teniendo en cuenta que este filme tenía una complicación mayor, a la
hora de su reconstrucción, pues se trata del primero sonoro
realizado en Concepción, la Octava Región. Un año demoró la
restauradora, ahora en su oficio digital, para terminar los trabajos
con esa película. Actualmente se encuentra inmersa en el proyecto de
armar Historia de una nación, película inconclusa encontrada
en los archivos de Chile Films que contienen imágenes de 1910 a 1970
y que se salvó del incendio ocurrido en 1990. Según informó la
piensa transferir al ambiente digital de 2K para devolverle primero
la calidad de imagen y sonido, antes de "rearmarla" y luego darla a
conocer. "Las nuevas tecnologías complementan la labor de los
artesanos del cine", sentenció finalmente la maestra Brito.
Otro caso destacado en Chile, de personas que han
venido realizando las labores correspondientes a la conservación y
preservación del patrimonio cinematográfico es la que encabeza
Abdullah Omidvar en la Fundación Chilena de las Imágenes en
Movimiento. Esta entidad, fundada en 1994, tiene a su cargo una
colección de algo más de 700 piezas bastante significativas, que
muestran la evolución, en el siglo XX, de aparatos reproductores de
los soportes audiovisuales. Disponen de dos bodegas climatizadas,
una para nitratos y otra de acetatos, que en este momento están
llenas al tope en las cuales se guarda un acervo perteneciente a
varias universidades públicas y privadas y diversos entes del estado
chileno, así como de las delegaciones regionales de la ONU y la
CEPAL. Este archivo es miembro de la FIAF (Federación Internacional
de Archivos Fílmicos) desde 1995 y se ha propuesto como sede del
congreso mundial en 2010, el año del bicentenario chileno, de esta
Federación.
Abdullah, como le gusta que lo llamen, Presidente de
la Fundación Chilena de las Imágenes en Movimiento, nominado como
miembro del Directorio (Junta Directiva) de la futura Cinemateca
Chilena en calidad de tesorero, se refirió al papel que representa
su empresa comercial Laboratorios Arauco Films para el
sostenimiento, no solamente financiero, de la Fundación, sino
también desde el punto de vista técnico. Entre las anécdotas que se
dieron a conocer está la demanda que entabló el cineasta Sergio
Bravo en la disputa legal por la autoría y la manera como se
restauró el clásico del cine silente de 1926 El húsar de la
muerte, que fue objeto de una primera versión en 1962 —cuya
restauración, montaje y sonorización corrió a cargo del que es
también conocido como realizador de documentales Sergio Bravo— y que
posteriormente en el año de 1996 fue nuevamente restaurada por
Osvaldo Bustos, esta vez a instancias del Ministerio de Educación y
la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento, surgiendo de esta
manera el litigio. Sin duda, lo mejor para nosotros los espectadores
sería tener la oportunidad de ver las dos versiones.
Una experiencia que también fue presentada en el
Encuentro es la que coordina Germán Libero: el
Proyecto Umatic que busca el
rescate del patrimonio audiovisual realizado en soporte magnético en
la etapa de mayor censura y rigor dictatorial, la que va de 1975 a
1995. El proyecto ha realizado el catastro de más de 450 títulos
correspondientes a 150 autores pertenecientes a lo que se define
como "video independiente". Entre los temas y nombres que concitan
un interés mayor está la compilación del Festival de Video Arte que
con el apoyo del gobierno francés tuvo lugar de 1981 a 1991. La
novedad en el sitio web del Proyecto Umatic es el libre acceso que
se tiene a más de una veintena de videos y fragmentos de las obras
inventariadas.
El panorama es propicio para que todos los esfuerzos
logren capitalizar el sueño de organizar un archivo donde quepan
todos los interesados que llevan a cabo labores de preservación y
conservación del patrimonio audiovisual y se aproveche en este año
de conmemoración de los veinticinco años del llamamiento de Belgrado
hecho por la UNESCO, para echar las bases que permitan en el 2010
mantener "el imperio de las imágenes en movimiento por sobre otro
tipo de expresión artística" cuando seguramente las obras
audiovisuales de origen chileno habrán ganado el sitio preferencial
que les corresponde.
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