II Festival Quindiano de Cine y Video

Bajo el lema "porque sin espectadores el cine no se ve", entre el 4 y el 7 de octubre, se llevó a cabo en Armenia el II Festival Quindiano de Cine y Video. Este evento se hace posible por el empeño de dos personas: Alejandro Herrera Uribe, ampliamente conocido en la capital del Quindío por sus actividades de cineclubista, profesor universitario y colaborador en un programa radial —entre tantas otras gestiones— y su socia, igualmente dinámica, Ángela María Alzate, quien está vinculada a una de las universidades que presta su concurso para la realización del festival: La Gran Colombia. Las otras entidades organizadoras, de la edición de este año, fueron Comfenalco y el cine club Cine Subterráneo, en lo regional, y el Ministerio de Cultura, en lo que respecta al contexto de las autoridades nacionales.

"Arraigando el cine nacional"

Las funciones de exhibición de películas, casi todas se "proyectaron" en dvd y algunas en soporte magnético, así como las conferencias tuvieron lugar en diferentes escenarios. La sesión inaugural se realizó en el Auditorio del Sena con La sombra del caminante (Ciro Guerra, 2004) y la que puso fin al evento fue al aire libre, o como los organizadores la llamaron "a oscuras en el parque", con La gente de la universal (Felipe Aljure, 1994), precedida por un concierto a cargo de la Banda Sinfónica Departamental, esto ocurrió en el parque de la urbanización La Fachada. Se hicieron también presentes, durante el festival, los realizadores Lisandro Duque y Jorge Navas y el documentalista Pakiko Ordóñez, quien presentó su largometraje Lenguaje Maestro, vida y obra de Enrique Buenaventura.

El interés que suscitan hoy las diversas actividades alrededor de la producción, historia y rescate de las obras y registros audiovisuales nacionales ha llevado, como un eco, una creciente realización de muestras, festivales y similares en varias regiones del país: Es la consecuencia del impulso y la expectativa que ha generado la puesta en marcha de la Ley 814, más conocida como Ley del Cine. De esa manera, y en concordancia con lo expuesto en la argumentación legal, se busca el arraigo de esta producción en el "querer nacional". Las labores de orientación y formación, además del apoyo económico, son en este momento y evento bienvenidas. Vale la pena llamar la atención a los organizadores para que amplíen la base local de participantes y tengan en cuenta la labor de los que hacen parte de su historia local y les antecedieron, a los actuales gestores, en la construcción de una cultura audiovisual local.

En busca de la memoria audiovisual regional

El "eje cafetero", como suele llamarse la región donde se encuentra Armenia, es un lugar donde se llevo a cabo una amplia labor de registro audiovisual, gracias a la prosperidad económica que tuvo a mediados del pasado siglo. Cuenta don Luis Fernando Londoño, un hombre dedicado a la conservación de estos materiales con sus propios métodos y herramientas, cómo en el año de 1948 existían tres casas fotográficas en Calarcá que suplían con sus productos y servicios el mercado regional. La Kodak ofreció, como estrategia comercial para introducir el formato 16 mm en el entorno del cine aficionado y familiar, cámaras, película y revelado gratis durante un año a los foto-almacenes Foto Navarro, la Cuestordoñes (seudónimo de Marco Tulio Betancourt) y la Foto Linder. El resultado es un largo documental, muy bien fotografiado, en donde quedó plasmada la manera en que por esa época se fueron construyeron Armenia y sus poblaciones cercanas. De este audiovisual se tiene una copia incompleta en video, debido a que los materiales originales están refundidos; sin embargo cobra mayor significado cuando hoy se levanta de nuevo esta ciudad, después del terremoto que la derruyó en 1999.

Luís Fernando Londoño, quien mantiene también, un almacén fotográfico tal vez para evocar la tradición, se ha dedicado ha recopilar con sus propios recursos una amplia documentación acerca de la región que no solamente incluye los registros audiovisuales sino un compendio, en su momento desechado por la registraduría local, de las tarjetas originales de cedulación de Calarcá, documentos indispensables para que los residentes y originarios afiancen su tan particular identidad, la cual es el vínculo social que los distingue en el múltiple y diverso panorama de la cultura nacional.

Se sabe también que un amplio acervo, algo más de cuarenta horas de filmaciones en cine de 16 mm, es el que resguarda celosamente la familia de quien fuera un reconocido empresario de la exhibición: don Adonías Rey Velásquez. La importancia de asegurar la perdurabilidad de estas imágenes en movimiento, que van de 1965 hasta 1990, según algunas personas que han tenido acceso a ellas es uno de los proyectos que le dan justificación y fundamento al Festival Quindiano de Cine y Video.

Es por esta razón que la documentación que se puede consultar en las publicaciones de Jorge Hernando Delgado Cáceres —Ficha Técnica del Cine Clubismo en el Quindío (1982-2002) y su reciente libro Imágenes y Cinemas del Quindío (2003)— se constituyen en unas herramientas de gran importancia para comprender el desarrollo de la producción, exhibición y distribución cinematográfica en esta región. Él mismo esta preparando una investigación sobre los registros realizados por profesionales y aficionados en el departamento del Quindío, muchos de los cuales no se han identificado plenamente, y que hacen parte de una investigación que busca ir más allá del inventario de la producción local para dar una panorama de la historia de la memoria audiovisual de esta región tan importante de Colombia.