Barranquilla en blanco & negro
Por: Juan Carlos Arango Espitia
Con base en una detallada investigación en los
fondos de prensa y en los protocolos notariales de Barranquilla del
último cuarto del siglo XIX, el historiador José Nieto Ibáñez
reconstruye el contexto social que enmarcó el desarrollo del cine en
esta ciudad del Caribe colombiano. Esta combinación de registros
legales y periodísticos permite comprender, fuera de apasionamientos
regionalistas, la indiscutible relevancia de la llamada Puerta de
Oro de Colombia en la génesis de la distribución, proyección y
realización del cine en nuestro país.
En el libro Barranquilla en blanco & negro.
Historia del séptimo arte en la ciudad 1876–1935, Tomo I, que
Nieto Ibáñez espera "se convierta en lectura obligada de los
estudiantes de nuestras universidades en las carreras
correspondientes a estudios sociales", se ofrece un interesante
fresco de las vidas de personajes destacados de la ciudad en la
época previa a la llegada del cine a Colombia y en los primeros
decenios de su desarrollo.
En la primera parte, enmarcada en los años que
antecedieron la invención del cinematógrafo, hallamos referencias de
personajes como Abraham Zacarías López Penha, uno de los fundadores
en 1913, junto a Georg Strauss y Carlos Martínez Aparicio, de la
Empresa Nacional de Kinematógrafos Universal, a la que Nieto Ibáñez
considera la "entidad pionera en la distribución del cine en
Colombia". Cabe anotar que, de acuerdo con Hernando Salcedo Silva en
su libro Crónicas del cine colombiano: 1897–1950, ya para el
19 de mayo de 1907 la Compañía Cronofónica "con privilegio de L.
Gaumont y Co." presentó un programa en el Teatro Municipal de
Bogotá.
Destaca el autor la figura del empresario Ernesto
Vieco Morote, aporta la curiosidad de su cargo de Colector de la
Contribución Subsidiaria –algo así como curador urbano– y lo
considera el verdadero pionero del cine en Colombia –por encima del
francés Gabriel Veyre, camarógrafo itinerante de la Casa Lumière–,
basado en el hecho de que en 1897 este samario llevó el cine de
Panamá a Barranquilla y a Cartagena. Es necesario señalar que en
aquel tiempo Panamá todavía formaba parte del territorio de Colombia
y "todos, por no decir absolutamente todos, llegaban primeramente a
Panamá, pues ese lugar con el tiempo fue convirtiéndose en centro de
acopio y negociación de las películas que venían procedentes de
Europa primero y de Norteamérica con posterioridad", como señala
Nieto Ibáñez.
No podía faltar un capítulo dedicado a los
salones de cine que nacieron en los primeros años del siglo XX en
Barranquilla, como el Fraternidad, el Líbano, el Universal, Las
Quintas, el Centenario, el Concordia y el Cine Luz, entre otros. Sin
embargo, mención aparte merece el Teatro Municipal Emiliano
Vengoechea, que se empezó a construir en marzo de 1889, se inauguró
el 29 de abril de 1893, se estrenó hasta junio de 1895 con la
actuación de la Compañía Ughetti de Zarzuelas y nunca se terminó,
hasta que dejó de operar en el decenio de 1930. También se destaca
el Teatro Cisneros, uno de los más recordados de la historia del
cine en Barranquilla.
Siempre atento a describir el contexto social y
político de cada uno de los momentos de la historia del cine en
Barranquilla, Nieto Ibáñez señala la importancia de esa "pausa
cinematográfica" que significó la llamada Guerra de los Mil Días
(1899–1902) y, más adelante, nos lleva a la primera etapa del
florecimiento del cine en Barranquilla, entre 1903 y 1911. En este
apartado se rescata la labor que desempeñaron Carlos Poeti –uno de
los primeros empresarios de cine itinerante que visitó esta ciudad–,
Emilio García, Eliécer Bernales, Rafael Fernández Cañizo, Salim
Barbour y Antonio Rubíes, entre otros hombres que también podríamos
considerar pioneros dentro del oficio cinematográfico en Colombia.
Por supuesto, no olvida el autor la huella dejada
en Barranquilla por los inquietos hermanos Di Domenico, quienes el 7
de octubre de 1916 compraron a doña Colombia Villate de Gerlein el
local y terreno donde funcionaba el Salón Universal, instituyeron en
1919 la Sociedad Industrial Cinematográfica Latinoamericana Di
Domenico, Díaz y Compañía (en asocio con Belisario Díaz, empresario
nacido en Chocó y radicado en Cartagena) y fundaron el Teatro
Colombia, gran competidor del Cisneros y uno de los más grandes de
Latinoamérica, con capacidad para 9.000 espectadores.
Finalmente, el autor realiza un extenso recorrido
por la vida de otro pionero: el documentalista Floro Manco, director
del que sería el primer largometraje realizado en Colombia, De
Barranquilla a Cartagena, aunque "no se tiene información
que permita asegurar que existió y es incierta su exhibición, que
parece ser tuvo lugar en Barranquilla en 1916". Sin embargo, se
conoce su trabajo como director de El triunfo de La Fe
(1918), primer corto documental fílmico de tipo publicitario.
Este libro de José Nieto Ibáñez tiene el mérito
de rescatar del olvido los nombres de pequeños empresarios que
conformaron el día a día de los primeros años del cine en
Barranquilla, además de ofrecer una perspectiva única sobre las
vidas de grandes figuras de la historia del cine colombiano, gracias
a los pormenores hallados en los registros notariales, en los
recortes de prensa y en las entrevistas recopiladas durante su
investigación.
1 Crónicas del cine colombiano:
1897-1950, Hernando Salcedo Silva. Carlos Valencia Editores,
1981, pg. 21.
2 Largometrajes colombianos en cine y
video; 1915-2004. FPFC, 2005, pg. 17
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