Desolvidos del Líbano

Por: Juan Carlos Arango Espitia


Sociedad, cultura e imagen
Desolvidos del Líbano (T.)
Bogotá, Libro Libre, 2005, 112 p.

En su libro Sociedad, cultura e imagen: Desolvidos del Líbano (T.) el historiador y periodista Leonidas Arango nos ofrece un apasionante recorrido por la vida de este municipio enclavado en la cordillera central de los Andes, muy cerca del Nevado del Ruiz.

El autor expone, por medio de un relato detallado y ameno, los principales hechos que rodearon el establecimiento de esta población y retrata la personalidad de los hombres que participaron, directa o indirectamente, en esta aventura colonizadora: Antonio María Arango Montoya, un hombre jovial con condiciones físicas excepcionales para la exploración de tierras agrestes y cazador de gran fama en la región; Nicolás Echeverri Díaz, otro de los hombres que exploró y colonizó Manizales; Isidro Parra Parra, liberal adversario de Echeverri; Desiré Angée, francés librepensador asentado en Tolima; y un sinnúmero de allegados y amigos de estas familias, todos ellos de origen principalmente antioqueño.

En este libro El Líbano, población dueña de un pasado indígena aún por explorar en profundidad y con una fuerte tradición migratoria y librepensadora, se revela ante nosotros como un punto de referencia obligado para la elaboración de un perfil de la actividad cultural en la provincia colombiana, durante los últimos años del siglo XIX y buena parte del XX.

El texto explora también las corrientes de pensamiento que tuvieron amplio desarrollo en este municipio tolimense, como el movimiento espiritista, basado en los postulados del francés Allan Kardec, y la teosofía, derivación neoyorquina de la anterior escuela filosófica que tuvo su centro de desarrollo libanense en la logia denominada "Luz de Oriente" y contó entre sus seguidores a personajes como Alejandro Palacio Botero, Marco Antonio Parra Silva, Francisco Jaramillo Londoño y Antonio María Arango Echeverri.

Sin embargo, dentro del ámbito que nos atañe, debemos destacar la investigación que Leonidas Arango realizó sobre el trabajo desempeñado en El Líbano por un puñado de fotógrafos de renombre nacional y la importancia que alcanzó el cine en estas tierras, gracias a una persistente labor de exhibición en teatros que han quedado grabados en la memoria colectiva de los libanenses y, sobre todo, a la aventura de producir el que sería el último largometraje silente de Colombia.

En el primer caso, Arango hace referencia a los nombres de Ricardo Pardo Farelo, fotógrafo que dejó un breve testimonio de la gente de El Líbano -sólo permaneció allí por espacio de cinco años-, pero que se mostró como un talentoso retratista, ingenioso para la composición, sutil con la iluminación y hábil para capturar la psicología de sus modelos de turno. Otro fotógrafo que rescata el autor es Luis Benito Ramos Rodríguez, un hombre obstinado con su oficio de pintor, pero recordado por la crítica como un artista con cualidades especiales para la realización de fotografías plenas de vitalidad y movimiento.

Un capítulo aparte dedica el autor a los pocos teatros de cine que rescataron de una "vida monótona, llena de tristeza" a los habitantes de El Líbano, como el Salón Olympia, abierto antes de 1930 -posiblemente como parte de la cadena de exhibición de los hermanos Di Domenico- y en funcionamiento hasta finales del decenio de 1950, cuando ya se llamaba Teatro Colombia; según parece allí se estrenó en 1928 Los amores de Quelif, largometraje que cerraría el período silente en Colombia. Otro teatro que el autor destaca es el Olaya Herrera, al que señala como un espacio mucho más adecuado para las proyecciones de cine y que estaría activo con este propósito desde 1933 y durante cerca de veinte años. Por último, el autor habla del Teatro Andino, inaugurado en junio de 1948 y vigente con gran éxito hasta el decenio de 1980.

Para terminar, Leonidas Arango explora los acontecimientos que nutren la historia, a medio camino entre la realidad y la leyenda, de la producción de Los amores de Quelif, realizada por la Filmadora del Tolima con un bajo presupuesto y sin actores profesionales. Nos ofrece además apartes de una entrevista con Manuel Palacios, Volantín, un torero burlesco que afirmaba ser uno de los actores destacados de la película, en el supuesto rol de una hechicera de nombre Euclides.

Manuel Palacios "Volantín"


El Avance (Líbano, feberro 25 de 1928).


El Avance (Líbano, febrero 25 de 1928)

De este último capítulo reproducimos, gracias al generoso aporte del autor del libro, el fragmento dedicado al largometraje Los amores de Quelif, seguros de la importancia de este documento en la conformación de un riguroso estudio histórico del cine en Colombia.