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Dirección: Alejandro Doria. En la década del veinte, y amenazada por una guerra que había comenzado en Europa y se extendía amenazante hacia otros países del mundo, la familia Pantaleo debe dejar su Italia natal y trasladarse a la Argentina. Mario, uno de los hijos del matrimonio, recaló como pupilo en un hogar salesiano de Córdoba, donde los suyos se habían instalado, y el muchacho, al que sus padres lo habían dejado al cuidado de una tía, retornó a su tierra natal. Allí, siendo ya un adolescente, intentó reunirse con sus familiares, pero su esfuerzo fue vano. Atraído por su fe religiosa se ordenó sacerdote católico, comenzó un corto peregrinaje por Italia y en 1946 retornó a la Argentina decidido a sumarse a la tarea de la Iglesia en un país lejano ya conocido por él. El padre Pantaleo conoció aquí la miseria de miles de seres enfermos y empobrecidos. Desde alguna pequeña capilla o a cielo abierto logró rodearse de esas mujeres, hombres y niños que necesitaban no sólo palabras de consuelo, sino también la inmensa fe que ese cura cordial les impartía con sus manos, con esas manos que guiadas por algún poder secreto podían diagnosticar y sanar a quienes, cada vez con más convicción, se acercaban a su figura humilde y siempre dispuesta a ayudar a sus semejantes. Perla, una mujer que ve en él a un ser ávido de hacer el bien, lo apoya en su obra benefactora, y ambos construyen una iglesia en González Catán, a la que llegan cada vez más los urgidos por enfermedades y pobreza. Frente a ellos, sin embargo, están los que dudan de sus poderes, y ambos enfrentarán el recelo de las altas autoridades de la Iglesia Católica, del gobierno de turno y de los responsables de la ley. Reconstruir estos trozos de vida del padre Mario, detenerse en su férrea voluntad para cobijar a los desposeídos y mostrar el amor y la humildad que lo convirtieron en un sacerdote alejado de oropeles fue la labor que, como guionistas, se impusieron Alejandro Doria y Juan Bautista Stagnaro por medio de cálidos trazos en los que muestran a ese cura inmerso en su problematizada existencia. Como director, Doria se decidió por la sencillez de su puesta en escena y por el cálido ámbito que rodeó al protagonista y a quienes estuvieron a su lado en una ciclópea labor de caridad y de ternura. A fines de la década del 70 el padre Mario soñaba con una obra que le permitiera llegar a mayor cantidad de personas, y así comienza a organizarse junto a sus colaboradores más cercanos para lograr su sueño. Todo ello está plasmado en este film bello en su mensaje y humano en su necesidad de ayuda a quienes vieron en él a un fascinante sacerdote que hablaba el mismo lenguaje de quienes se le acercaban con el propósito de sanar sus males. Calidez y bondadEl realizador supo, sin duda, que esta historia necesitaba de calidez y de bondad para resumir una vida inmaculada y por ello logró, a través de una impecable dirección de arte, de una excelente música y de una notable fotografía conformar esa existencia siempre dispuesta a la permanente ayuda a los demás. A ello debe sumarse la notable labor de Jorge Marrale que compone con enorme exactitud a ese padre Mario de sonrisa bondadosa y de palabras simples, y el impecable trabajo de Graciela Borges, como Perla, la mujer que secundó al sacerdote en su largo peregrinaje dentro de un micromundo poblado de candor y de luchas cotidianas. "Las manos", pues, queda como un necesario homenaje a ese cura tierno y comprensivo que transitó los dolores ajenos para hacerlos propios en medio de la ternura que, como caricias tenues, recorrió a sus seguidores que vieron en él a un ser que abrió sus brazos para amparar la tristeza de aquellos que estuvieron a su lado con devoción e infinita fe. La demolición
Dirección: Marcelo Mangone. Osvaldo Lazzari es empleado de una empresa dedicada a la demolición de viejos edificios abandonados. Tiene un hijo, una mujer autoritaria y su sueldo es una miseria. Su trabajo inmediato es la demolición de una antigua fábrica en donde habrá de construirse un gran supermercado. Pero durante la inspección de rutina dentro del edificio, Lazzari es sorprendido en una oficina por Alberto Luna, un hombre víctima de alucinaciones que vive empecinado en sacar la fábrica adelante y que cree que llegó con el objetivo de reactivar la producción en la fábrica. Lazzari intentará que Luna salga del edificio y comprenda la realidad, su jefe puede llegar en cualquier momento y su trabajo está en juego. Un comentario sobre La demoliciónCuando un hombre o una mujer consiguen un trabajo, sus rostros cambian. Su felicidad es incontenible y es algo que va más allá de un sueldo: sus vidas cobran sentido, al sentirse respetados y compensados por lo que mejor saben hacer, es decir, por el ejercicio de su profesión. Cuando pierden el trabajo ocurre todo lo contrario. Los rostros se desencajan, la irritabilidad crece minuto tras minuto, la locura -como en este caso- golpea a la puerta. Osvaldo tiene trabajo, pero de vez en cuando, como capataz de un grupo de obreros, que se dedica a demoler edificios. Su puesto, como los de quienes lo acompañan, es "en negro". Cuando hay una demolición los llaman; cuando no, se quedan con los suyos, cortando clavos. Una mañana, esa mañana, Osvaldo está contento porque lo llamaron para demoler una vieja fábrica abandonada. Alberto tiene más o menos la misma edad que Osvaldo. Desayuna junto a su nieto, canturrea un tanguito y le dice a su hijo que está contento porque "vuelve al trabajo". Se afeita, se acomoda la corbata, se pone el saco y así marcha feliz rumbo a la fábrica. Osvaldo y Alberto van camino del mismo lugar, uno para demolerlo, el otro para jugar con la fantasía de que las máquinas todavía funcionan y producen, de que recibe pedidos por un teléfono sin línea y que la crisis va a ser revertida con solo proponérselo. Pero no: lo único que ocurre es un encuentro, el de un hombre que quiere volver a trabajar con otro que no quiere dejar de hacerlo. Un diálogo de sordos, de locos, un absurdo que deviene grotesco. Más allá de esos muros condenados a la picota, reina una confusión que, con la intervención de la TV sensacionalista, desemboca en el caos. En su segunda película (la primera fue "Natural", de graduación y experimental, vista en el Bafici de 2002 pero todavía no estrenada), Marcelo Magone prueba suerte con una adaptación de la pieza escrita por Ricardo Cardoso para dos únicos personajes que, como en la puesta teatral, encarnan Enrique Liporace y Jorge Paccini. Toda la fuerza de la historia recae sobre ellos, en sus diálogos, cada uno atrapado en sus propias angustias, obsesiones y delirios. En ese sentido, tanto Troncoso como ahora Mangone hacen equilibrio entre el humor cotidiano, el de la vida misma, que deviene de la confusión, de los equívocos, y el agudo drama de aquellos que sufren la incertidumbre acerca de qué será de sus vidas el día siguiente. En este sentido, algunos de los personajes que rodean a estos dos hombres al límite ayudan a poner en situación la historia y a romper la premeditada sensación de encierro del original, sin por eso quitar fuerza a las palabras que se cruzan. Para que eso ocurriera Mangone contó con el aporte de actores talentosos, como los mencionados Liporace y Paccini. Uno y otro construyen (valga el oxímoron) la demolición a la que se refiere el título, porque tanto Osvaldo como Alberto son, a fin de cuentas, exponentes de la mano de obra calificada y clase media argentina devaluada (demolida) por crisis difíciles de entender, y menos aceptar, en un país envidiado por sus riquezas. Más allá de algún apunte débil respecto de la aparición (y desaparición) de esos personajes que rodean a los protagonistas (algunos mejor pertrechados, como los de Roly Serrano y Gastón Pauls, el resto no tanto), el drama se sostiene sin perder credibilidad, incluso cuando la historia se tiñe por completo de grotesco. Mangone aprueba el desafío de darse a conocer fuera del circuito ocasional (en el que presentó su opera prima), con una buena calificación, producto -además- de haber acertado al transcribir la pieza original con un lenguaje clásico y austero, pero siempre efectivo. Será necesario prestar atención a sus futuras propuestas. Una estrella y dos cafés
Director: Alberto Lecchi. Sencillez y ternura son los principales elementos que Alberto Lecchi utilizó para elaborar este film que, dentro de su simpleza, relata una historia en la que el amor adolescente se integra con un conflicto matrimonial. El escenario del relato es Purmamarca, un bello pero aislado pueblo del norte argentino al que llega Carlos, un arquitecto contratado para construir un complejo de cabañas. Allí, en ese lugar en el que sus habitantes dejan transcurrir sus días entre la monotonía y la cordialidad, el visitante va descubriendo la belleza del paisaje, la cordialidad de sus pobladores y la cansina tranquilidad que imponen el cielo inmaculado y la majestuosidad de las montañas. En uno de sus paseos por el lugar, el arquitecto conoce a Estela, una adolescente solitaria dispuesta a servirle de guía a ese hombre taciturno que está a punto de romper su matrimonio. La muchacha, por su parte, descubre en él a alguien que se interesa por sus problemas cotidianos sin darse cuenta de que ese encuentro, ingenuo y platónico, hará que la niña descubra el amor y termine por convertirla en una adolescente. En medio de pintorescos personajes lugareños, Estela y Carlos recorren ese lugar de ensueño, cuando de pronto llega al pueblo Ana, la esposa del arquitecto, con la intención de recuperar a su pareja. A pesar de los celos que provoca en Estela la aparición de Ana, ambas entablan una relación cercana. Ana se da cuenta lo que la niña siente por su marido y se esfuerza por no lastimar sus ilusiones. El encuentro de la pareja tampoco define una reconciliación. Los días de convivencia entre Carlos y Estela están por finalizar. El amor que ella vio nacer con la llegada del arquitecto se convertirá en un bello recuerdo teñido de ilusiones y de alegría. Pero el matrimonio abandona el lugar con la intención de reconcilia. Y allí, entre sus amigos, sus partidos de fútbol y su necesidad de ternura quedará Estela, tan sola como siempre, tan triste como en su tiempo pasado. El film se destaca por su búsqueda de sinceridad y de ternura. Todo es en esta historia, a la que el director Alberto Lecchi aportó la sencillez de su entramado y de sus personajes, cálido y emotivo basado en un guión que recorre sin estridencias la psicología de ese terceto en el que sus protagonistas tratan de buscar una nueva visión de sus existencias. El paisaje de Purmamarca sirve de bella escenografía al relato, en tanto que los habitantes del pueblo están delineados con agudeza y humor. Con toda esta carga emotiva, el realizador volvió a demostrar su necesidad de radiografiar unas vidas que descubren la naturaleza y siembran la necesidad de recuperar un pasado poblado de soledades y mansedumbre. Gastón Pauls aportó la necesaria sinceridad a su papel de arquitecto que halla en la niña a un ser tan simple como necesario para esa etapa de su vida, en tanto que Ariadna Gil, como la esposa que trata de recuperar su matrimonio, logra aportar sus indudables dotes interpretativas. Sin embargo, el trabajo de la actriz jujeña Marina Vilte es quien mejor logra perfilar su parte, a la que dota de calidez y de emoción. "Una estrella y dos cafés" queda, pues, como un emotivo mensaje en el que el amor presenta una sucesión de rostros inmersos en la simple pasión y en la necesidad de descubrir que, más allá de las ilusiones y las frustraciones, se halla la posibilidad de retomar caminos que, como en el final de esta historia, pueden perderse en la inmensidad de la naturaleza. Ana y los otros
Dirección y guión: Celina Murga. Ana (Camila Toker) regresa a su ciudad natal después de varios años de ausencia. Ana está en busca de su pasado, pero ya poco queda de él allí, sólo algunos amigos y un puñado de imágenes tenues que Ana intenta reordenar. Una extraña sensación de pertenencia y desarraigo la acompaña. Ana compra el diario local y encuentra una foto que sacó un novio de su adolescencia, Mariano. Esta foto le despierta el deseo de encontrarlo. Se reencuentra con amigos y ex compañeros de la es-cuela secundaria y a todos les pregunta por Mariano. Finalmente se entera que se fue a vivir a Victoria, una ciudad pequeña y cercana. Ana decide entonces emprender un nuevo viaje. "Ana y los otros" es el íntimo retrato de una búsqueda que se convierte en una interrogación sobre la identidad. Es un subjetivo, melancólico pero esperanzador viaje; una mirada distante y a la vez cercana sobre un lugar: el lugar de la infancia. Nueve reinas
Dirección y guión: Fabián Bielinsky. SinopsisLa historia de Nueve reinas comienza una madrugada y termina a la mañana del día siguiente. En esas 24 horas o un poco más, Juan y Marcos, sus protagonistas, pasarán por la experiencia de sus vidas, por algo nunca antes vivido, por lo que Marcos insiste en llamar "una en un millón". Dos minúsculos estafadores que habitualmente trabajaban por unos pocos pesos, se conocerán fortuitamente una madrugada, e imprevistamente se verán envueltos en un negocio de centenares de miles. Un negocio urgente, inmediato, tanto que no les permitirá dudar: tienen que seguir adelante, hacer lo necesario, tomar por el cuello a la única oportunidad que la vida les va a presentar. Y lo harán. Un comentario sobre Nueve reinasSegún los críticos autóctonos ésta es la mejor película argentina de Los últimos cinco años (cuyo embrión se hizo cine sólo gracias a su triunfo en un concurso de guiones para nuevos talentos, lo que dice bastante de la situación económica de la industria argentina hacia ese momento previo a la gran crisis). Y supuso una gran bocanada de aire fresco para el que era un poco alentador panorama cinematográfico que como ya hemos visto, trajo suficientes sorpresas y un nuevo despegue. Esta afirmación alude a varios aspectos: es un filme de género (negro, en este caso. Y dentro de éste de la familia de los estafadores, por si ser de género no era bastante inédito). Y, además, es una crítica social, aunque soterrada en un laberíntico rompecabezas que hace de primer plano. He aquí la diferencia importante que tiene con respecto al cine de denuncia explícito que, según la prensa especializada, echó, en un momento, al público de las salas. Ricardo Darín y Gastón Pauls comandan la nómina de actores de esta aventura, un gran guiño de Bielinsky que comienza con el encuentro fortuito de dos estafadores que, a partir de entonces, deciden unir sus fuerzas por un día, a ver qué pasa. Inesperadamente incluso para las más soñadoras expectativas, les surge un negocio urgente, inmediato e irrenunciable. El devenir del asunto nos enseña todas las capas del hampa urbana, un club que convive con sus víctimas sin que éstos sepan de su presencia nada más que en ínfimas proporciones, comparándolas con el avispero real pero invisible que les acecha. Como si de una enorme muñeca rusa se tratase, las enseñanzas de "Marcos" (Darín) a su joven e inexperto colega "Juan" (Pauls), se asemejan según corren las horas más y más a lo que es la realidad. Y el punto de mira apunta cerca del entrecejo del meollo. El espectador disfruta, engañado sin saberlo, del decisivo día de trabajo conjunto de la pareja ladrona de hecho. Sólo al final del embrollo, el habitante de la butaca sabe que fue también parte contratante del argumento. La razón por la cual el desenlace nos explica el por qué de todo es que si no nuestros ojos mirarían la pantalla amistosamente, y la virginidad del aforo necesita ser idéntica que la de parte de los protagonistas. Es la regla de este juego inspirado en las estructuras del cine clásico tanto como en la destreza de "un Houdini". Buenos Aires 100 km
Dirección y guión: Pablo José Meza. SinopsisUn pueblo alejado 100 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Con sus costumbres. Con sus mentiras, sus secretos, su idiosincrasia. Un lugar que sueña con la capital del país. Un lugar quedado en el tiempo. Esteban, Matías, Alejo, Damián y Guido nacieron hace 13 años en este pequeño pueblo. Desde siempre han sido amigos y juntos comparten las monótonas tardes de verano sentados en el escalón de una peluquería de mujeres. Ansiosos, inquietos, impacientes por algún cambio, atraviesan el periodo más confuso de experimentar: el paso de la infancia a la adolescencia. Aparecerá la curiosidad por las mujeres y el despertar sexual, acompañado por la rebeldía ante sus padres y los mandatos familiares. Un pueblo. Muchos secretos. Cinco amigos. Cinco chicos deseando crecer de golpe. Soñando vivir en un lugar mejor. Queriendo mantener una amistad que está en peligro. Saboreando, tal vez, el último verano juntos. Un comentario sobre Buenos Aires 100 kmBuenos Aires 100 Km. es una historia pueblerina. Es una historia de historias pueblerinas. Es una historia de historias de preadolescentes pueblerinos. De unos muchachos cualquiera, de un pueblo cualquiera, pero a exactos 100 kilómetros de una gran capital: Buenos Aires. Es precisamente esta mixtura, entre elementos de referencialidad universal y particularismos, lo que hace de la ópera prima de Pablo Meza, ni localista, ni universalista, ni lo contrario, Buenos Aires 100 Km. es un metódico proyecto, tan comedidamente filmado, como escrito y actuado. Cinco historias de púberes pueblerinos, atravesadas por un Buenos Aires no explícitamente visible pero omnipresente. Mención al carácter dependiente que todas las provincias y ciudades de la Argentina y del resto del mundo poseen respecto a "un Buenos Aires". Una patológica dependencia de orígenes coloniales, que se erige como eje de elucubraciones sobre estilos de vida divergentes. Cincos historia, decía, relatadas desde el inescapable entreveramiento social de pueblo "en donde todos se conocen", y con un aire (cómo no decir "de campo") extraño para el acostumbrado encierro citadino. Transmite esa dulce sensación que se tiene al llegar a un paraje no urbano, y dar la primera y profunda y revitalizante bocanada de aire. "Aires de campo", "bocanadas de aire": me autocito y me pregunto el por qué de tanta referencia aireada para hablar de esta película. En principio, recuerdo, las escenas son en su mayoría a cielo abierto (exteriores que le dicen), o sea, el aire, o lo que se entiende por aire libre (es decir, no enclaustrado), tiene una presencia constante, fiel, palmaria. En contraposición al aire viciado, polucionado, de la urbe, el aire de pueblo, de campo, se deja respirar, permite respirar, promueve la oxigenación del cuerpo, y así de la cabeza. Quizás por eso los problemas de los chicos —protagonistas— se imprimen (pertinente logro del director) más en una lógica corporal, emocional, que cerebral, intelectual. De cuerpos oxigenados, energizados, sus conflictos son concretos, visibles, inocultables, urgentes. No sólo por su —aireada— raíz pueblerina, sino potenciados por su precocidad. A diferencia de los mayores, a ellos, los menores, aun, les es difícil mentir, esconderse en juegos de escamoteos hipócritas, en taimadas crueldades, cinismos. Una referencia al escuchado hasta el hartazgo "pueblo chico, infierno grande", que no es refutado por Meza, sino vuelto a visitar, pero desde otra perspectiva: desde quienes comienzan o bien a hacerlo carne, o a criticarlo con fiereza (el mapa de quiénes se quedan, y cómo, y quienes se irán, y por qué, empieza a configurarse, como en todo pueblo: se dijo, Meza no desea transgredir normatizados ritmos de siesta pueblerina. Película de fluir dramático canónico. Típica y tópica, podrían decir. Sí, pero despuntando entre/por tanto elemento tradicional (de no trasgresión, de no pretensión vanguardista) el disfrute cotidiano de una dulce cadencia. Película, de esas que no lograrán una rimbombante repercusión mediática, pero que podrá ser disfrutada por generaciones subsiguientes. Ya que su foco está puesto en la humana universalidad de la difícil, ardua, aunque vital, conjugación entre las relaciones con otros y la conflictividad intra subjetiva; en la imbricación de sueños, ambiciones, formas de entender y sobrellevar la existencia junto a otros. Eso la hace perdurable, relevante: el permitir un deleitable adentrarse (porque permite que uno se adentre, no pequeño logro) en historias que lejos de ser grandilocuentes, lejos también están de ser mínimas. El bonaerense
Dirección y guión: Pablo Trapero. SinopsisEl Zapa es cerrajero en un pueblo pequeño de la Provincia de Buenos Aires. El pueblo es tranquilo, labor de cerrajería hay muy poco y las horas de trabajo pasan lentamente. El Polaco, el dueño del local, lo envía a abrir una caja fuerte en una oficina. Al día siguiente cae preso como responsable del robo al lugar. Su tío Ismael, policía bonaerense retirado, lo saca de la comisaría y lo envía al Gran Buenos Aires con una carta de recomendación. Zapa se convierte en un joven aspirante a agente de la policía bonaerense. Zapa llega a su nueva ciudad. Toma el curso de preparación, trabaja en la comisaría, etc. Su vida se convierte en una extraña ficción con la que deberá convivir en el futuro. Un oso rojo
Dirección: Adrián Caetano. Sólo el Oso contó los siete años que pasaron desde que fue sentenciado a prisión por homicidio y robo a mano armada. Hombre reservado, impredecible, violento por naturaleza,... y por necesidad. En estos años ni una palabra pronunció sobre lo que tiene escondido en su silenciosa y triste coraza. Alicia, su hija, cumplía un año el día del asalto y Natalia, su mujer, quizás nunca lo haya perdonado. Al salir bajo palabra, Oso piensa que es un buen momento para un nuevo comienzo. El Turco todavía le debe su tajada del robo que lo puso tras las rejas. Gracias a un ex - compañero de celda, consigue un empleo limpio en la agencia de mensajería. El panorama de Oso no es alentador, Natalia, vive ahora con Sergio, y Alicia apenas lo recuerda, pero Oso está dispuesto a recuperarlas, ó al menos a reparar los daños. Poco a poco se acerca a Alicia, la lleva al colegio, ó a comer, y Natalia, a pesar de estar en deuda con Sergio, no ha conseguido olvidarlo. Oso, hace lo que puede para superar su torpeza y sus arranques incontenibles de violencia: un osito de pilas y un libro de cuentos para Alicia. Lo único que quiere es ayudarlas, pero nada es fácil. Tampoco en casa de Natalia. Las cuentas no cierran a fin de mes, Sergio no encuentra trabajo y se endeuda en las carreras, tratando de salvarse. El futuro de Alicia está en juego y Oso cree que ha llegado el momento de hacerse cargo. El Turco lo tienta con un nuevo golpe seguro, su jefe trata de disuadirlo, y otra vez, la única salida para Oso está fuera de la ley. En resumen "Toda la plata es afanada" y "Hay que cuidar a la gente". Esto resume lo que ha aprendido Oso en los últimos años, tanto dentro como fuera de la cárcel. Como un western desencantado y urbano, Un Oso Rojo imagina el destino de un justiciero marginal en la crudeza real de un suburbio de Buenos Aires, en donde el lo habitual el trabajo es el caballo, el Bar del Turco "el Saloon", y la sonrisa de Alicia, su única recompensa. Herencia
Dirección y Guión: Paula Hernández. SinopsisDos extranjeros se encuentran en un restaurante en Buenos Aires. Olinda es una inmigrante italiana que llegó a Argentina después de la Segunda Guerra Mundial buscando un amor que nunca encontró. Con el tiempo compró un restaurante. Peter es un joven de solo 24 años que viaja buscando un amor perdido en su adolescencia. Ambos se conocen en el restaurante y, poco a poco, este mágico encuentro será para Peter una guía que le ayudará a encontrarse a sí mismo y, a la vez, devolverá a Olinda la posibilidad olvidada de elegir en la vida. ReferenciasEs la ópera prima de la Argentina, Paula Hernández tras varios años trabajando como asistente de producción y posteriormente de dirección, así como en publicidad. Es autora, además, de los cortos Rojo y Kilómetro 22 que participó en la sección ZINEBI del Festival de Cine de Bilbao. Entre sus protagonistas destacan Rita Cortese, quien participó Cenizas del paraíso de Marcelo Piñeyro y Héctor Anglada actor de Pizza, birra, faso de Adrian Caetano. Un comentario acerca de HerenciaHerencia no sólo es el título de la ópera prima de Paula Hernández, es además, y principalmente, una palabra que resume el espíritu de este nuevo film argentino. Una palabra cargada de sentidos que se irán develando –irán apareciendo, se irán resignificando– a medida que avance la trama. Esta "herencia" de la que habla la película remite a los lugares donde nacieron los personajes centrales; a lo que quieren dejar atrás y buscar en otro lado; es aquello de lo que no pueden desprenderse; además de aquello que logran encontrar en los demás y en si mismos para seguir. La herencia es la marca de lo que fue, pero también el camino de lo que podría ser si se presta atención al pasado y a la nueva oportunidad que se les presenta. Y lo mejor es que la narración que construye la directora nunca pone estas ideas en primer plano. Las mismas se van extrayendo a partir de un relato intimista, en el que se suceden situaciones cotidianas retratadas con sencillez, humor y, por momentos, algo de bienvenida nostalgia. En ese sentido aportan lo suyo los encuadres precisos, la atractiva fotografía; una cámara fija que nunca está "por encima" de lo que se está contando; la buena música que acompaña las imágenes, algunas escenas que requieren ciertos climas y una excelente dirección de actores que permite que todos se luzcan (aunque Rita Cortese se lleva todos los aplausos) en favor de la historia. Herencia se centra en el encuentro casual de Olinda (Cortese) y Peter (Adrián Witzke). Ella es inmigrante italiana, cocina y atiende su propio restaurante en un barrio de Buenos Aires y sus días transcurren entre sus charlas con Federico (Martín Adjemián), sus peleas con Ángel (Héctor Anglada), sus recuerdos del pasado y dudas sobre el futuro. El es alemán, está de viaje en busca de un viejo amor adolescente y no tiene más que una dirección, una foto, algo de dinero y muchas ilusiones. Ganas de partir, ganas de quedarse, motivos para tomar una u otra decisión se pondrán en juego a partir del cruce entre ambos y de la relación de solidaridad y comprensión que irán entablando. Herencia habla de segundas oportunidades, de amor, de esperanzas. Herencia habla sobre la identidad, algo para nada desdeñable también a la hora de hacer cine, de realizar una película. Sentirse identificado con cierta manera de narrar y de filmar y poder plasmar con inteligencia y sensibilidad esas intenciones son méritos muy destacables que Paula Hernández —también guionista del film— logró demostrar en esta, su primera oportunidad; y no habría que dejarla pasar. |
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