Dos maestros del cine japonés por descubrir

Filmó alrededor de 160 películas, y su amigo Yasujiro Ozu llegó a afirmar que él mismo no sabía filmar como Shimizu.

"gente como Ozu y yo hacemos películas con enorme dedicación y trabajo, pero Shimizu es un genio". Kenji Mizoguchi

Solamente tres de los veinticuatro largometrajes de Yamanaka han sobrevivido hasta nuestros días.

"La temprana muerte de Sadao Yamanaka es una de las pérdidas más importantes de la historia del cine. De haber sobrevivido a la guerra, el mundo seguramente lo respetaría tanto como a Mizoguchi, lo amaría tanto como a Ozu, se habría maravillado con su cine tanto como con el de Kurosawa. Al menos nos quedan estos tres films, un verdadero e invaluable tesoro". Shinji Aoyama.

El 1 de marzo comenzó en el MAMBO, la Cinemateca Distrital y la Cinemateca de la Universidad Nacional, una muestra retrospectiva de los cineastas japoneses Hiroshi Shimizu y Sadao Yamanaka, dos maestros que Occidente ha tardado en descubrir. La muestra es posible gracias a la Embajada de Japón en Colombia y la Fundación Japón. Cuenta con el apoyo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Las películas en cine se exhibirán únicamente dos veces en Colombia, que además tiene el privilegio de ser una de las tres sedes latinoamericanas de este evento cinematográfico.

Shimizu y a Yamanaka integran la generación de importantes realizadores japoneses cuyas carreras comenzaron en los años veinte y treinta. Harían falta una guerra y la revelación en el Festival de Venecia de la película Rashomon, de Akira Kurosawa (1951), para que Occidente supiera empero que el cine japonés importaba.

Otros autores, como Mizoguchi y Ozu, también comenzaron a ser reconocidos en festivales y revistas críticas exigentes. Hubo nombres, que destacan por su originalidad y potencia cinematográfica, que en su momento fueron pasados por alto, como los Shimizu y Yamanaka. Sin embargo, eso ya es historia y occidente ha vuelto la mirada sobre los demás maestros del cine nipón. Le llegó el turno a Latinoamérica para descubrir primero a Seijun Suzuki y ahora a estos otros dos desconocidos. El ciclo SHIMIZU Y YAMANAKA: DOS MAESTROS A LA SOMBRA DE OZU Y MIZOGUCHI, reúne nueve filmes de Shimizu y los tres que se conservan de la filmografía de Yamanaka, que llegan en copias traídas especialmente de Tokio por The Japan Foundation y la Embajada de Japón, quienes en asocio con el Departamento de cine del MAMBO y la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano han organizado estas tres muestras, que constituyen un real descubrimiento y muy seguramente nunca se volverán a ver en estas tierras.

Quién es quién

HIROSHI SHIMIZU (1903-1966) comenzó a trabajar en el estudio Shochiku como asistente de dirección. En 1924, a la temprana edad de 21 años, fue ascendido a director y rodó su primera película. Rápidamente se ganó una reputación de cineasta hábil, especializado en comedias y melodramas. Filmó alrededor de 160 películas, y su amigo Yasujiro Ozu llegó a afirmar que él mismo no sabía filmar como Shimizu. Otro grande, Mizoguchi, pudo decir también que "gente como Ozu y yo hacemos películas con enorme dedicación y trabajo, pero Shimizu es un genio".

Shimizu aborrecía las limitaciones y prefería improvisar, empleando niños y escenarios naturales, tejiendo historias líricas que sacaban todo el provecho de los paisajes japoneses.

Las obras de Shimizu, que alcanzaron la cima de su expresividad en los años 30 y 40, son consideradas como una fotografía en movimiento del Japón del siglo XX, ya que describe las costumbres y contradicciones del país, desde la euforia modernista de los 30 hasta el momento crítico de reconstrucción de la posguerra. Las películas de este maestro nipón tienen una narrativa "aglutinadora", basada en la primacía del grupo sobre los episodios aislados, una técnica que se ve reflejada claramente en el film Hanagata Senshu (Un atleta de primera, 1937).

Nombrado por los críticos como heredero de la estética de René Clair, Hiroshi Shimizu es un director "espontáneo y reduccionista", que reniega además del concepto de narrativa lineal. Shimizu encuentra en la composición su medio expresivo predilecto, y fiel a la tradición del cine nipón, en sus películas el contenido acaba dominado por la forma.

Los travellings, y especialmente los pasos de un plano fijo a otro en movimiento constituyen en el cine de Shimizu figuras rítmicas que apoyan a la emoción. El maestro nipón también muestra en sus propuestas cinematográficas cierta predilección por los planos generales espectaculares, así como por las sucesiones de planos cortos, que se convierten en la fuerza que impulsa la historia.

Los finales basados en secuencias de concentrada fuerza poética son otro de los rasgos distintivos de Hiroshi Shimizu. De algún modo, este realizador consigue convertir sus películas en un reportaje en directo de la vida de su época, lo que marcaría también su carrera como humanista.

"Las películas de Shimizu son, de hecho, más conmovedoras que encantadoras y él era en buena medida un crítico social. Sus personajes son casi siempre marginales, ya sea por la situación personal (pobreza, ruptura familiar), la profesión (sus hombres suelen ser artistas; las mujeres, camareras o prostitutas) o la geografía (muchas películas transcurren en áreas remotas de Japón, especialmente en la inaccesible península de Izu). La simpatía de Shimizu por el marginal le garantiza una perspectiva desde la cual mirar con escepticismo una sociedad en la que sus personajes no encajan. Nunca hubo tarea más urgente en el revuelto Japón de los años treinta". (Alexander Jacoby en Senses of Cinema).

SADAO YAMANAKA (1909-1938) comenzó su carrera como guionista y asistente de dirección, siempre interesado en la crítica de la sociedad nipona de la época, aunque muchas veces sus historias reflexionaran sobre el presente a través del pasado. En 1932 realizó su primer largometraje, donde demostró una notable afinidad con los géneros populares al tiempo que los recubrió de una capa de ironía y lirismo. Solamente tres de sus veinticuatro largometrajes han sobrevivido hasta nuestros días, cada uno de ellos una reflexión acerca del estado de ese Japón que se acercaba cada vez más a una terrible guerra. Yamanaka fue enviado en 1938 al frente de batalla, donde murió a la edad de 29 años. El 18 de abril de 1938 escribió su testamento, cuyas últimas líneas decían: "A mis amigos y colegas les pido: por favor, hagan buenas películas".

"La temprana muerte de Sadao Yamanaka es una de las pérdidas más importantes de la historia del cine. De haber sobrevivido a la guerra, el mundo seguramente lo respetaría tanto como a Mizoguchi, lo amaría tanto como a Ozu, se habría maravillado con su cine tanto como con el de Kurosawa. Al menos nos quedan estos tres films, un verdadero e invaluable tesoro" (Shinji Aoyama).

Tanto la muestra SEIJUN SUZUKI: DECUBRIR A UN REBELDE como la de los Maestros Shimizu y Yamanaka se constituyen en sí mismas en un evento irrepetible dadas las restricciones para su exhibición en formatos cinematográficos. Se exhibirán en el MAMBO, la Cinemateca Distrital y la Cinemateca de la Universidad Nacional.

Las películas de la muestra

Al igual que la muestra DESCUBRIR A UN REBELDE: Seijun Suzuki Maestro de la Serie B japonesa, éstas vienen en cine en 35 mm y 16 mm. Cada título sólo se exhibirá dos veces en Colombia

La vasija de un millón de ryo
(Tange Sazen yowa: Hyakuman ryo no tsubo; 1935, 35 mm, 84 min.)

Dirección: Sadao Yamanaka

Intérpretes: Denjiro Okochi, Kiyozo, Harutaro Mune.

Este film hace parte de serie dedicada al espadachín tuerto y manco Tange Sazen. Tsushima no Kami, descubre que la vasija enviada a su hermano como regalo de bodas contiene en su interior el mapa de un tesoro escondido. Su hermano, sin conocer este dato, ha vendido la vasija a un comerciante de artículos de segunda mano, quien a su vez lo entregó a un niño para que conserve a su pequeño pez. Tange Sazen, el famoso samurai, ha adoptado a ese niño, y muy pronto ambos deberán defenderse de sus perseguidores, deseosos de hacerse con esa vasija cuyo valor estimado es ahora de un millón de ryo. Sadao Yamanaka transforma a su personaje (casi un superhéroe en los films anteriores) en una figura cínica, algo perezosa y definitivamente adorable.

Soshun kochiyama
(Kochiyama Soshun, 1936, 16 mm, 81 min.)

Dirección: Sadao Yamanaka

Intérpretes: Chojuro Kawarasaki, Kanemon Nakamura, Sensho Ichikawa.

En uno de los distritos más pobres de Tokio, el líder de una familia de yakuzas, de nombre Soshun Kochiyama, vive con su mujer, la dueña de una taberna, y obtiene dinero gracias a las apuestas ilegales. Soshun no piensa dos veces antes de sacrificarse por aquellos que lo rodean, constantemente envuelto en duelos, peleas y peligrosos negocios. Basado en una popular obra de teatro kabuki, el film de Yamanaka abandona la causalidad trágica original para abordar la historia desde un costado satírico, caricaturizando a los héroes y transformando la historia en un relato único, personal y de un sentido humanismo.

Humanidad y globos de papel
(Ninjo kami fusen; 1937, 16 mm, 86 min.)

Dirección: Sadao Yamanaka

Intérpretes: Chojuro Kawarasaki, Kanemon Nakamura, Sukezo Suketakaya.

En el siglo XVIII, en uno de los distritos más pobres de Tokio, vive un ronin de nombre Matajuro. Mientras intenta obtener un empleo que le permita mantener a su familia, su mujer Otaki trabaja día y noche fabricando globos de papel. Súbitamente, Matajuro se verá envuelto en el secuestro de la hija de un rico comerciante. Gracias a su elocuente y moderno uso del lenguaje cinematográfico, Yamanaka era considerado en sus tiempos la joven promesa del cine japonés. Sin embargo, en el momento de su estreno, Humanidad y globos de papel no fue apreciada por el público debido a su tono pesimista. Hoy, a casi setenta años de su realización, la última película de Yamanaka es reconocida como una obra maestra y uno de los films más importantes de la historia del cine nipón.

Un joven en la universidad
(Daigaku no wakadanna; 1933, 16 mm)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Mitsugi Fujii, Haruo Takeda, Yoshiko Tsubouchi.

Un jugador estrella de un equipo de rugby universitario, hijo de un próspero comerciante, coquetea con el delito y con las mujeres, más de lo debido. Este drama, con marcada influencia del cine norteamericano, tipifica los filmes japoneses en tránsito del cine silente al sonoro.

El héroe de Tokio
(Tokyo no eiyu; 1935)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Yukichi Iwata, Mitsuko Yoshikawa, Mitsugu Fujii.

La vida del protagonista cambia dramáticamente cuando su padre, el gerente de una empresa minera, vuelve a casarse y llegan a su casa la madrastra y sus hijos. Tras la quiebra de la empresa, estallará la tragedia y la familia se verá obligada a luchar para sobrevivir. La puesta en escena y el montaje de Shimizu le dan un toque moderno a esta producción que bien podría haber sido uno de los típicos melodramas producidos por los estudios Shochiku en su momento.

Una mujer y sus masajistas
(Anma to onna; 1938)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Takamine Mieko, Tokudaiji Shin, Himori Shinichi.

Tokuichi es un masajista ciego empleado en una zona de aguas termales, quien ha entrenado el resto de sus sentidos para poder percibir el mundo que lo rodea. El masajista atiende a una misteriosa mujer y, cuando una serie de robos comienza a ocurrir en la región, Tokuichi supone que los crímenes sólo pudieron ser realizados por ella. Pronto descubrirá que ella guarda otros secretos. El filme, resultado de un notable trabajo de improvisación durante el rodaje tiene un tono informal y relajado, como un álbum de fotos en movimiento y es un extraordinario ejemplo del compacto estilo narrativo del realizador.

Notas de una artista itinerante
(Utajo oboegaki; 1941)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Yaeko Mizutani, Hideo Fujino, Ken Uehara.

Una bailarina, cansada de viajar, inicia una nueva vida en un remoto pueblecito donde las lenguas viperinas de sus vecinos intentan destruirla. El personaje protagónico de este melodrama, una mujer sufrida con destino trágico, fue hecho a la medida de la famosa la actriz de teatro Mizutani. Sin embargo, a pesar de narrar la típica historia de una mujer perseguida debido a los prejuicios de una sociedad conservadora, la puesta en escena de Shimizu —con su profuso uso del plano secuencia— deja de lado los excesos melodramáticos para ofrecer una visión del mundo más moderna.

La torre de la introspección
(Shimizu, 1941).

Esta película puede verse como un anticipo del cine social que se hizo luego de la Segunda Guerra Mundial, en un estilo casi documental que anticipa al neorrealismo italiano. Narra la historia de un grupo de pequeños delincuentes en un reformatorio y se enfoca en un caso particularmente difícil: el de la hija de un rico empresario.

El señor Shosuke Ohara
(Ohara Shosuke-san, 1949)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Denjiro Okochi, Okiko Kazami, Tetsu Tsuboi.

Un prominente terrateniente, con una extensa y prestigiosa historia familiar, vive sus días felizmente, bebiendo y ayudando a sus vecinos. Saheita perderá la mayor parte de sus pertenencias pero seguirá sin privarse de ningún placer y ayudando a los habitantes del pueblo, aunque ello implique arruinarse por completo. Gracias a la dirección relajada de Shimizu, el filme dista de las películas de proselitismo nacionalista de la época y por el contrario, con un tono amable cercano a la comedia, destila humanismo y bonhomía.

El amor de una madre
(Bojo, 1950, 16 mm, 86 min.)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Nijiko Kiyokawa, Yataro Kurokawa, Isuzu Yamada.

Toshiko, madre de tres hijos de diferentes padres, desea abrir un bar en Tokio con ayuda de una amiga. Para ello tendrá que dejar a sus hijos al cuidado de amigos y familiares durante un tiempo. Sin embargo, algo cambiará luego de tomar esa decisión. Exponente del haha mono —o "film de madres", donde las protagonistas suelen sacrificarlo todo en favor de sus hijos—, nunca cae en el exceso melodramático típico del género. Shimizu mantiene durante todo el film cierta distancia de los personajes e incorpora a la narración un toque de liviandad, cercano por momentos a la comedia.

La escuela Shiinomi
(Shiinomi gakuen; 1955, 16 mm, 98 min.)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Kyoko Kagawa, Setsuko Shimazaki, Jukichi Uno.

Un profesor universitario de psicología, Yamamoto, y su mujer, Fumiko, son padres de dos niños. Uno de ellos, Yudo, sufre de parálisis infantil y es objeto de burlas por parte de sus compañeros de escuela. Inspirados en la fuerza de voluntad de su hijo, la pareja decide emplear todos sus ahorros para fundar una escuela especial en la cual otros niños con el mismo problema puedan recibir atenciones y construir la necesaria auto confianza con la cual enfrentar la vida. La escuela Shinomi es el único film de Shimizu —y uno de los primeros en el cine japonés en general— en abordar el tema de los niños con discapacidades.

La historia de Jiro
(Jiro monogatari; 1955)

Dirección: Hiroshi Shimizu.

Intérpretes: Yukihiro Osawa, Katsuyuki Ichige, Ichiro Ryuzaki.

Jiro Honda, el segundo hijo de una prominente familia rural, es criado por su madrastra Ohama durante el período de restauración, a comienzos del siglo XX. Años más tarde deberá volver al seno de su familia consanguínea, pero esos años de crianza volverán irreconocible para ellos. Shimizu logró en esta película, con sus planos largos y sus sofisticados movimientos de cámara, suavizar el tono dramático de la novela y enfatizar los ambientes naturales en los cuales fue rodada.