¿Es un negocio "El Subterráneo"?*
Por Luis Alberto Álvarez
 |
Las probabilidades de que El Subterráneo sobreviva son en este momento
precarias. A diferencia de otros enfermos graves, alrededor de cuyos hechos se
reúnen personas capaces en un esfuerzo por darles vida, con El Subterráneo hay
clarísimos intereses que persiguen hacerlo morir. Si estos intereses son
claramente perceptibles, lo inexplicable continúa siendo la motivación. Combatir
una obra como la de El Subterráneo no puede tener otro objeto que el gratuito
regusto del monopolio que, a ningún costo, tolera o que pueda siguiera tener el
tinte de competencia. Si un alto ejecutivo del negocio cinematográfico ha
afirmado, más o menos públicamente, que El Subterráneo se estaba enriqueciendo y
que él, por convicciones morales, no iba a permitirlo a ningún precio,
probablemente olvida lo que todos sabemos, que él mismo no ha hecho otra cosa
durante largas décadas que enriquecerse en ese negocio, no siempre con las
mismas intenciones culturales que las de estos dos jóvenes idealistas de un
pequeño e incómodo teatro parroquial.

Una guerra grotesca en verdad está entre el león y el ratón. Y en esta clase
de torneos ya sabemos lógicamente quién triunfa. Cuando las grandes industrias
de la distribución y exhibición (de envergadura latinoamericana y mundial)
consideran que una estrecha sala de parroquia -en la que reúnen todos los días a
150 ó 200 personas para ver un cine menos soso que el de los teatros con aire
acondicionado y "Buil ping isolation"-, puede llegar a ser peligro de vida o
muerte para unas salas a donde la gente va quiéralo o no (porque en Medellín no
hay nada más que hacer), se declara entonces sentencia de muerte. Y para esta
suerte las armas están todas de una sola parte. El intento modesto, no agresivo,
original, de dos jóvenes, un ingeniero mecánico y un fotógrafo que de negocios
no saben tanto como sus adversarios, se encuentra en medio del campo de batalla
del gran capital, clasificado como enemigo para eliminar. Sería grotesco y para
morirse de risa si no fuera tan trágica esta actitud de los titanes de la
industria de este terruño. ¡Vergüenza debería darles!
* Fragmento tomado de: El Subterráneo, 1985.
Pacholo: Cine y luz |