El Teatro Faenza: “una obra para el corazón de Bogotá”

Por Rito Alberto Torres
Subdirector técnico de la FPFC

Campaña de recuperación del Teatro Faenza

El jueves 16 de agosto de 2007 la Universidad Central entregó a Bogotá la primera etapa de la restauración y recuperación del Teatro Faenza. Ésta es una destacada iniciativa de rescate patrimonial de un escenario de larga tradición, abrió sus puertas al público en 1924, donde además de las exhibiciones de películas, que han copado buena parte de su historia, tuvieron lugar eventos sociales y políticos; representaciones teatrales y musicales que, según se anuncio, serán ahora el fuerte de la programación: "asumiendo su nueva función de agente dinamizador de la cultura, desde ya el [restaurado] Teatro Faenza quiere hacer montajes artísticos".

Maqueta de la fachada del Teatro Faenza

La Universidad Central ha apostado por la compra, recuperación y uso institucional de algunas salas de cine que sobrevivieron a lo que fue la "edad de oro" de la exhibición cinematográfica en la ciudad1 y que son el vecindario de este Alma Mater. En 1995 adquirieron el Teatro México y su sala alterna, el Cinema Azteca que, con más de 1.400 butacas, fueran inauguradas en 1959. Hoy estos magnos ‘tablados’ son el Auditórium Jorge Enrique Molina, en honor a uno de los ocho visionarios que crearon la universidad y la Sala Fundadores, sede permanente del Cine Club de la Central.

Estas ejecutorias en pro de la recuperación del ‘centro’ de Bogotá han propiciado que, casi simultáneamente a la presentación restaurada de la fachada del Faenza por parte de la Universidad Central, se reabra, gracias al empeño de otros gestores, El Mogador, que fuera otro de los ‘templos del cine’, ubicado en el mismo sector y ahora presentado como una "sala de espectáculos y centro de convenciones: Downtown Majestic. Esta iniciativa de recuperación de un sitio de entretenimiento y encuentro público, que se inauguró como sala de cine en 1947, es otro motivo de celebración.

En 2004, coincidiendo con los 80 años de su debut, el Faenza, en ruinas y sin acudiente a la vista, fue comprado por la Fundación Universidad Central. En 2005 se editó una agenda para convocar a todos los interesados en la restauración y plena recuperación de este hito excepcional en la arquitectura de Bogotá. Uno de los documentos, actualizado y que hizo parte de la misma, es el que presentamos a continuación.

El rendez vous de la gente de buen gusto

La noche del jueves 3 de abril de 1924 tuvo lugar la primera función pública en el Faenza, con la proyección de la "cinta de arte" El destino. Sin embargo, el teatro abrió las puertas de su elegante edificación el miércoles 2 de abril con una proyección, de la misma película, para invitados especiales, a la cual invitaban sus dueños, Sáiz y Compañía. Acerca de esta sesión se puede leer en el diario El Tiempo del domingo 6, una carta firmada por "Crítico" en la que se queja, entre otras cosas, del "exceso de luz reflejada de la orquesta al telón, que hace casi invisibles los letreros de la película".

El Faenza se convirtió en un sitio de encuentro. Allí concurría en pleno la sociedad bogotana y no solamente para ir al cine porque allí también se realizaban fiestas, reuniones políticas, veladas de coronación de las reinas de los estudiantes y otros eventos sociales. "El ‹rendez vous› de la gente de buen gusto", rezaba un aviso publicitario, en los amplios salones de la administración se bailaba hasta la madrugada y los convites eran inolvidables, según lo comentó a Cromos don Manuel Pérez Hernández, quien fuera uno de los primeros "botones" del teatro.

Teatro y cine

Aunque en su programación se privilegiaban las proyecciones cinematográficas, era también un escenario preferido para la presentación de zarzuelas y operetas. De sus primeros años se guarda la memoria de los éxitos cosechados por la "vedette" española, la Tórtola Valencia o la Compañía de Revistas Mejicana de Esperanza Iris. Este encuentro, en las "tablas" del Faenza, del cine y las representaciones teatrales fue continuo. A partir de 1943 se hicieron célebres las representaciones en vivo de El mártir del Gólgota, escenificadas por la Compañía Radio Teatral Álvarez Sierra, de la Voz de la Víctor, promocionadas con un cortometraje en cine que se proyectaba en el teatro antes de la Semana Santa. Esta tradición cristiana continuó cuando cada año la película El mártir del calvario, protagonizada por el recordado actor mexicano Enrique Rambla, se exhibía para la ocasión. En 1998, también durante una ‘Semana Mayor’, las representaciones teatrales volvieron al Faenza con Las tres hermanas de Antón Chejov, durante el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Esta fue la última vez que el Faenza presentó un espectáculo de carácter público.

El cine en el Faenza

Las películas que se presentaban siempre fueron reconocidas como selectas y por su pantalla pasaron grandes producciones. No como acontecía con otras salas como el Olympia, que estaba ubicado dos cuadras al norte, donde se mostraban películas de "vaqueros y aventuras" dirigidas a un público más popular. El Faenza era sólo comparable, en su época, con el Colón y el Municipal y ni el San Jorge ni el Lux, ambos inaugurados en 1938, fueron los que marcaron su primera decadencia: fue el Teatro Colombia (hoy conocido como Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán), abierto en 1940, el que lentamente fue quitándole público.

Aspecto del Teatro Faenza en la noche del estreno de La tragedia del silencio

Aspecto del Teatro Faenza en la noche del estreno de La tragedia del silencio.

El Faenza fue el lugar preferido para los estrenos del cine colombiano. Allí tuvo lugar la primera presentación de la que en rigor debe ser considerada la primera película de largometraje "totalmente" colombiana, La tragedia del silencio (Arturo Acevedo Vallarino, 1924), que entusiasmó al entonces presidente de la República Pedro Nel Ospina, quien durante el "té-cóctel" para lanzamiento de la película y de su productora la Casa Cinematográfica Colombia, proclamaba el nacimiento del cine colombiano con la frase "hemos de tener arte propio". Por la pantalla del Faenza pasaron otras grandes producciones de nuestro cine silente, como Madre (Samuel Velásquez, 1924), Bajo el cielo antioqueño (Arturo Acevedo Vallarino, 1925), Como los muertos (Pedro Moreno Garzón y Vicente Di Doménico, 1925) y Alma provinciana (Félix Joaquín Rodríguez, 1926). Estas exhibiciones eran acompañadas por orquestas pequeñas, de veinte o treinta instrumentistas, como la de los Chávez o la del maestro cubano Peralta. En 1937 presentó Olaya Herrera y Eduardo Santos o de la cuna al sepulcro (Gonzalo Avecedo y Carlos Schroeder), primera película sonorizada del cine nacional.

En 1934 había llegado a Colombia la agencia de United Artists como casa distribuidora, que nunca tuvo teatros pero contrató con exclusividad el Faenza y el Astral. En el decenio de los años cuarenta, el Faenza recibió las primeras películas del cine sonoro y parlante colombiano: Flores del valle (Máximo Calvo Olmedo, 1941), Allá en el trapiche (Roberto Saa Silva, 1943) y Bambucos y corazones (Gabriel Martínez, 1945). Se tiene noticia del éxito que por seis días continuos tuvo la exhibición de Anarkos (Roberto Saa Silva) en 1944. El Noticiero Nacional, de la productora Ducrane Films, que para entonces se había dedicado a filmar y presentar cortos sonoros en donde aparecían las capitales de provincia o acontecimientos destacados, se presentaba acompañando a los largometrajes extranjeros, plato fuerte de las funciones cinematográficas. De igual manera, se presentó por primera vez ante el público bogotano una película de 10 minutos titulada Popayán (1945), con la cual la Lotería del Cauca, patrocinadora del filme, promocionaba el premio mayor de cien mil pesos. En esa misma ocasión se estreno el largometraje colombiano Sendero de Luz, de Emilio Álvarez Correa.

Miguel Ángel Rojas
De cinco dedos de furia
1979
Aguafuerte
70 x 100 cm
 

En el Faenza tuvieron lugar, por primera vez, las funciones de matinal en la ciudad los domingos, con películas dirigidas al público infantil. El Faenza regularizó y acostumbró a los espectadores a los pases de las películas en horarios de matiné, vespertina y noche. El hábito de ir al cine se fomentaba mediante los “lunes populares”, cuando por un mínimo precio se veían las películas de éxito que se habían estrenado en otras salas, semanas atrás. En 1959, la por entonces poderosa distribuidora y exhibidora Pelmex (Películas Mexicanas) abrió, en pleno frente del Faenza, el Teatro México, obligando al Faenza a esperar por meses para reestrenar los grandes éxitos de Pedro Infante, Vicente Fernández, Viruta y Capulina y la India María. Ya el perfil de la programación del Faenza se había cambiado hacia el gusto de un público popular.En 1975 se anuncia la reinauguración del Faenza y, como estrategia de renovación, simultáneamente abrían sus puertas las cuatro salas conocidas como el Centro Cinematográfico de la calle 24 con carrera 7, los Cinemas, el primer local de exhibición cinematográfica de la ciudad que concentraba varias salas (pantallas como se les dice ahora) en un solo espacio. Este rejuvenecimiento del Faenza duró poco y la conocida por el sobrenombre de "tía Fany", dio paso a una sala de “cine doble desde las 11 a. m.”. Por esta misma época llegaron las "cintas de kung fu", permitiéndonos ver en una tarde las primeras películas del malogrado Bruce Lee y las del hoy televisivo Jackie Chan. Por esa época Miguel Ángel Rojas, uno de los artistas visuales de mayor reconocimiento en el arte colombiano, realizo fotografías y grabados en donde plasmó la decadencia del espacio arquitectónico como escenografía de una interacción social alterna y marginal. El “cine doble” dio paso al "cine continuo” y de ahí al "cine rotativo”, simples nombres que significaban lo mismo: una sala de cine que se negaba a dejar de proyectar películas, como excusa para el encuentro de su público.

1 En Salas de cine, Ávila Gómez, Jairo Andrés y López Suárez, Fabio. Archivo de Bogotá, 2006. Págs. 29-35.