Patrimonio fílmico chocoano
Oficialmente se anunció el pasado 25 de septiembre de 2007, por parte del
Ministerio de Cultura y de la Universidad Tecnológica del Chocó (UTCH), la
creación de un Centro Nacional
de Estudios y Documentación sobre Expresiones Culturales Afrocolombianas,
proyecto que cuenta con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos y del
Programa Colombia de la Universidad de Georgetown.
Gonzalo Díaz Cañadas, periodista e investigador, es el coordinador del
Archivo Fotográfico y Fílmico del Chocó y nos presenta en el artículo En
escena el cine claretiano dos películas: Amanecer en
la selva y La isla de los deseos, realizadas por los misioneros
claretianos en el departamento de Chocó, en el decenio de los años cincuenta del
pasado siglo, y que dan cuenta de la evangelización promovida por esta comunidad
de misioneros cristianos, en algunas de las comunidades indígenas y
afro-descendientes que habitan el suelo chocoano.
En escena el cine claretiano
Por: Gonzalo Díaz Cañadas
Oficina de Comunicaciones de la UTCH
“La misión” al cine
Los misioneros claretianos, Hijos del Inmaculado Corazón de María, llegaron a
Chocó el 14 de febrero de 1909 para tomar posesión de la Prefectura Apostólica,
otorgada por la Santa Sede el 28 de abril de 1908, y cuya base ha sido la ciudad
de Quibdó. Durante estos casi cien años han sido copartícipes del quehacer
cultural y social de esta región. La historia de la Comunidad Claretiana ha
estado muy ligada a las artes y la cultura, algunos de los misioneros españoles
que vinieron a Chocó eran conocedores de la fotografía y del manejo de cámaras
de cine, por lo cual registraron parte de su trabajo en dos películas:
Amanecer en la selva y La isla de los deseos, películas
que llegaron a darse a conocer en proyecciones de ámbitos religiosos de España y
el Vaticano.
Copias de exhibición de estas películas fueron encontradas en Medellín, en el
albergue de los hermanos claretianos, contiguo a la iglesia del Corazón de María
por el sacerdote Luis Alberto Álvarez (1946-1996), perteneciente a esa orden
religiosa, quien fue el primero en darse en la tarea de su recuperación,
clasificación y posterior entrega a la Universidad Pontificia Bolivariana.
Álvarez se convertiría más tarde en uno de los más importantes críticos de cine
del país, con una corta pero fructífera labor, que lo llevó a ser declarado el
padre de la crítica cinematográfica en nuestro país. El amor e interés por el
cine lo impulsó a rescatar esta memoria visual: él más que nadie era consciente
que ello era "un archivo abierto, una memoria visual que ayude a la conciencia,
a la identidad, a conocer nuestras raíces; nuestra evolución; lo bueno y lo malo
que tenemos"1.
La comunidad claretiana, consciente de que el cine es un descubrimiento para
trascender y aprender a través de las imágenes, mantuvo el Salón Claret,
una amplia sala donde se exhibieron películas, al público quibdoseño, hasta el
30 de enero de 1930, cuando un pavoroso incendio en este ‘salón de cine
parroquial’ terminó hasta con la casa cural. Mientras estuvo proyectando
películas fue dirigido por el hermano Frumencio Vicente Galicia.
Las huellas más importantes de la presencia claretiana, y que hasta hoy
perduran, fueron dos producciones cinematográficas plasmadas en el acetato
Amanecer en la selva y La isla de los deseos que, logradas con mucho
ingenio y perseverancia, muestran el acontecer de La Misión en su labor
evangelizadora por ríos y selvas de Chocó.
Amanecer en la selva
Esta película fue realizada por el padre Miguel Rodríguez, con el apoyo del
mismo grupo que trabajó en la película La isla de los deseos.
La cinta fue promocionada por el padre Rodríguez Fuente en los inicios del
año 1950, siendo objeto de elogios y reconocimientos cuando alcanzó a ser
proyectada en París, en momentos en que él regresaba de Roma tras participar
como romero del año santo de la canonización por Pío XII de Antonio María Claret,
padre fundador de la Comunidad Claretiana.
A su regreso en París, el misionero español se encuentra con formadores y
condiscípulos de sus años estudiantiles; en San Sebastián, donde se celebra el
fastuoso Corpus Christi, es en donde proyecta la película chocoana de la que un
periódico dijo: " Espectáculo maravilloso, en no pocos aspectos, superior a los
conocidos Misión blanca y La mies es mucha, con fotografías de
insuperable belleza".
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En Burgos el padre Rodríguez, durante la inauguración del Seminario de
Misiones Extranjeras, tuvo la oportunidad y el gusto de saludar a Franco, a
varios de sus ministros y generales y aun de presentar, con suma complacencia de
los asistentes, la película chocoana cuya trama y contexto fue explicando.
Obraron como camarógrafos, fotógrafos, productores, editores y guionistas unos
inquietos y positivos misioneros españoles como Ángel María Canals (fotógrafo y
escritor), José M. Cervello (fotógrafo) y Miguel Rodríguez (dibujante), quienes
hicieron el montaje de la historia misionera por estas tierras2.
Uno de los inspiradores de este filme fue Ángel Maria Canals, participante
activo en estas películas como actor y productor. Catalán que nació en 1904 y
murió en Washington en 1967, dedicó 10 años de sus vida misionera a Chocó
(1930-1940); escritor, director de teatro, compositor y cineasta, fue uno de los
artífices de la fotografía y el cine claretiano en Chocó. Consciente de su papel
de cronista, escribió sobre cómo concibieron la idea de rodar en plena selva una
película, en la cual las comunidades indígenas de la familia Emberá de Catrú y
el Chamí eran los protagonistas principales.
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En el libro Sendas de Apostolado dice: "desde hacía tiempo una idea,
al parecer descabellada, me barrenaba la cabeza. ¿Por qué no dar a conocer lo
abyecto de la vida de los habitantes de la selva chocoana para con ello excitar
la compasión de las almas buenas, dándoles así la bella ocasión de practicar la
caridad cristiana? Pero me hacía a mí mismo esta cuenta: si lo escribo, no me
leen. Si lo cuento, no lo creen. Que vengan a vengan a verlo, imposible que se
convenzan de sólo oídas, lo es menos todavía. No quedaba, pues más que un
remedio: captar esas escenas y grabarlas en el celuloide para hacerlas luego
revivir ante el público extrañado de que tan triste situación sea posible en
pleno siglo XX. ¡Pero qué quijotada tan grande! ¿Quién podrá comprender los
esfuerzos necesarios para mantener en acción a toda una tribu durante varios
días consecutivos y para que consistiera el brujo hacer a plena luz del día, lo
que nunca ejecuta sino cuando imperan las tinieblas? ".
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En esta película colaboró el misionero y fotógrafo José María Cervello, quien
aportó gran parte del material fotográfico y fílmico que había recopilado en sus
múltiples recorridos por Chocó y que fuera utilizado también para ilustrar los
informes oficiales de la prefectura apostólica de los años 1915, 1918, 1921 y
1929, al igual que las que aparecen en el informe de algunas excursiones
apostólicas de la misión de Chocó, obras que fueron impulsadas por el segundo
prefecto apostólico Francisco Gutiérrez.
Estas imágenes, y otros muchos metros de filmaciones claretianos, sobre la
construcción del Jesús de Nazareno, la vida de los seminaristas en el
postulantado de Bosa, en las cercanías de Bogotá, y la inauguración del
cementerio San José de Quibdó son el legado de memoria visual que reposa en la
Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, donde fueron entregadas para que hagan
parte de los programas de preservación y conservación del patrimonio audiovisual
colombiano que lleva a cabo esta entidad.
Ficha técnica
Corte y Montaje: Pedro López.
Registro del sonido: LB. Vargas.
Dirección de coros: Santiago Léelas.
Textos: Miguel Rodríguez y Ángel Maria Canals.
Antorcha Publicidad / Laboratorio Servicien.
Sinopsis
Este documental en blanco y negro nos muestra aspectos apostólicos e imágenes
de los misioneros claretianos, verdaderos heraldos de señor durante sus primeros
cincuenta años de evangelización en Chocó. Da comienzo con una poética
descripción de Colombia y España y de la región de Chocó, de la cual se dice
marcha con paso seguro por la senda de la civilización. Se hace una presentación
de las comunidades indígenas que han permanecido en estado de aislamiento.
El filme incorpora imágenes de otras películas religiosas sobre la vida de
Jesús ascendiendo a los cielos. También muestra la ceremonia e imposición del
crucifijo y la ordenación de los sacerdotes claretianos; los coros claretianos
interpretan las alabanzas antes de iniciar la partida hacia Chocó, donde llegan
en hidroavión a la ciudad de Istmina, recorren caminos, ríos, fundan iglesias,
seminarios y donde también se perdieron muchas vidas en la tarea evangelizadora,
como la del padre Narciso Rodríguez, cuya sepultura yace en las faldas del río
Taridó.
Amanecer en la selva nos muestra diversas facetas de los claretianos,
maestros, constructores, expedicionarios por caminos llenos de abismos, puentes
colgantes, ríos torrentosos hacia el Chamí, a la vez que realiza un paralelo
entre la labor de Jesús y los misioneros.
Desde Istmina parten las excursiones apostólicas hasta el Baudó y el
Pacífico, con embarcaciones a motor, canoas y luego a pie con ayuda de cargueros
y guías en recorridos de varios días, hasta llegar por el río Pepe hasta
Docampado en el Pacífico, una de las rutas de llegada al río Sibirituá. Por
Catre en el Baudó, donde se escenifica en su gran mayoría este documental, que
es en últimas la colonización y posterior construcción del internado indígena en
Catrú, lugar donde se concentraba una de las mayores poblaciones indígenas de
Chocó.
El documental goza de alto valor histórico, cultural y antropológico, pues
muestra aspectos de la cultura aborigen y la labor de persuasión y
evangelización que realizaba con pedagogía santanderista el padre Canals, uno de
los protagonistas de esta historia.
El documental, de 45 minutos de duración y en blanco y negro, con muy buen
manejo de cámara y fotografía, muestra un proceso de transformación cultural y
religiosa de estas comunidades bajo la influencia católica, que al tratar de
trasculturizar aspectos como el vestido, muestra una ridícula escena que rima en
la caricatura, al vestir a toda una comunidad con trajes de paño, saco y
pantalones a la moda occidental.
La isla de los deseos
Con una cámara Bolex, de cuerda manual, el padre Jorge Restrepo haciendo de
camarógrafo, sonidista y productor, filmó varias películas vocacionales, entre
ellas La isla de los deseos, obra definitiva para muchos
claretianos que dieron su "sí" inicial, convertida hoy, con otros documentales,
en referencia histórica de la provincia y material del Patrimonio Nacional3,
Memoria Visual del Chocó.
La isla de los deseos es considerada un dramatizado
promocional, realizado en cine de 16 mm, con una duración de 61 minutos 2
segundos. El guion fue realizado por el padre c.m.f. Miguel Estrada y el sonido
fue de Héctor Fernández Valdés. Intervienen también los coros claretianos y el
misionero aviador Alcides Fernández, quien fue pieza clave para la realización
de esta película.
Jorge Restrepo nació en Medellín el 5 de febrero de 1914 y, ordenado
sacerdote el 5 de diciembre de 1937, su vida trascurrió en diversas iglesias de
España, Colombia y Ecuador. Fue músico y compositor, y aprendió de forma
autodidacta la ingeniería. Sus aportes se pueden encontrar en huellas que dejó
en las casas de Pereira, el Voto Nacional y Bosa en Bogotá. El 18 de diciembre
de 1982, en un admirable gesto de disponibilidad misionera, aceptó a sus 72 años
el destino de Bagadó, donde desempeñó labores durante once meses.
Sinopsis: la cinta promociona la comunidad de misioneros claretianos en
Colombia, realizada a finales de los años cincuenta. Es una de las primeras
películas claretianas filmadas a color. Su escenario inicial es el seminario de
Bosa, cerca de Bogotá y el final es en las selvas y costas del Darién chocoano,
donde el padre Alcides Fernández protagoniza el trabajo evangelizador. Con su
labor permitió trasladar feligreses de la Costa Atlántica y el Urabá para poblar
estos valles vírgenes y ricos para la agricultura. Frente a estas tierras en el
Golfo de Urabá, cerca de Triganá, está una pequeña isla llamada La Isla de los
deseos, lugar donde se desarrolla parte de esta historia de vida.
En el seminario claretiano de Bosa, dotado de unas cómodas instalaciones, se
inicia el relato que hace un sacerdote a un grupo de niños sobre su vida
misionera. Muestra cómo los jóvenes estudiantes alternaban sus estudios
religiosos con el deporte y el aprendizaje de trabajos en agricultura,
carpintería y electricidad. Allí trascurren para los párvulos sacerdotes sus
primeros estudios, luego cinco años de teología, hasta el momento de la
ordenación y viaje hasta Chocó.
La película incorpora el manejo de efectos de fundido y disolvencia que
sirven de montaje y continuidad entres escenas. A nivel visual se destaca un
manejo estático de la imagen y una buena fotografía. A largo de toda la cinta se
escucha de fondo la música religiosa interpretada por los coros claretianos que
le dan un aire celestial a esta historia, que buscaba promocionar a la comunidad
claretiana y su papel evangelizador en lugares recónditos de Colombia, como
Chocó.
El filme recoge aspectos de la comunidad claretiana en diversos escenarios
del país, como el nevado del Ruiz, ciudades como Medellín y la zona del Darién
chocoano, de las cuales se realizaron varias tomas aéreas espectaculares, de las
selvas y costas, logradas desde la avioneta del sacerdote Alcides Hernández. A
lo largo de la película se muestra un paisaje de una gran diversidad biológica
en especies de fauna y flora.
El trabajo del misionero, que por primera vez pisa territorios en donde antes
no había estado la palabra de Dios, es difícil pero enriquecedor: comienza con
la visita a los indios y a las comunidades negras del Darién, los bautismos, los
matrimonios, la aculturación, la construcción de la iglesia, por la cual el
padre Alcides se convirtió en un icono, en el cura aviador y colonizador
espiritual de esta zona donde permaneció toda su vida, hasta 1999, cuando
fallece. Su nombre es recordado en Ungía y Acandí. En esos ires y venires por
selvas y mares el sacerdote sufre un naufragio y llega a una pequeña isla con
muchas palmetas, un hermoso y paradisíaco paisaje, con un mar azulado. Esta isla
es una guarida de piratas que asesinan a un niño, quien se sacrifica para
proteger al misionero que luego ofrecerá una misa para encomendar su espíritu al
santo Antonio Maria Claret.
Un tierno y triste final para una película religiosa, que se complementa con
la escena de uno de los niños, que escuchan el relato en la tranquilidad de la
sabana de Bogotá y quien decide ofrendar su vida a Dios, luego de que su hermano
sufre un accidente y es salvado por un milagro atribuido a Antonio María Claret,
fundador de la orden claretiana. El pequeño ingresa al seminario, dispuesto a
ser un claretiano y a continuar la labor misional.
1 "La gran ilusión". Críticos de Cine en
Pereira – Germán A. Osaa E. – Fondo Mixto de la Cultura y las Artes de Risaralda,
1996.
2 Misioneros claretianos en Colombia: una historia al servicio del
evangelio 1909-1999 – Provincia de Colombia occidental, octubre de 1999.
3 Misioneros claretianos Colombia occidental, memoria fraterna de
nuestros misioneros difuntos – 1965-1999.
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