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Esta película fue realizada por el padre Miguel Rodríguez, con el apoyo del mismo grupo que trabajó en la película La isla de los deseos. La cinta fue promocionada por el padre Rodríguez Fuente en los inicios del
año 1950, siendo objeto de elogios y reconocimientos cuando alcanzó a ser
proyectada en París, en momentos en que él regresaba de Roma tras participar
como romero del año santo de la canonización por Pío XII de Antonio María Claret,
padre fundador de la Comunidad Claretiana.
A su regreso en París, el misionero español se encuentra con formadores y condiscípulos de sus años estudiantiles; en San Sebastián, donde se celebra el fastuoso Corpus Christi, es en donde proyecta la película chocoana de la que un periódico dijo: " Espectáculo maravilloso, en no pocos aspectos, superior a los conocidos Misión blanca y La mies es mucha, con fotografías de insuperable belleza".
En Burgos el padre Rodríguez, durante la inauguración del Seminario de Misiones Extranjeras, tuvo la oportunidad y el gusto de saludar a Franco, a varios de sus ministros y generales y aun de presentar, con suma complacencia de los asistentes, la película chocoana cuya trama y contexto fue explicando. Obraron como camarógrafos, fotógrafos, productores, editores y guionistas unos inquietos y positivos misioneros españoles como Ángel María Canals (fotógrafo y escritor), José M. Cervello (fotógrafo) y Miguel Rodríguez (dibujante), quienes hicieron el montaje de la historia misionera por estas tierras2. Uno de los inspiradores de este filme fue Ángel Maria Canals, participante activo en estas películas como actor y productor. Catalán que nació en 1904 y murió en Washington en 1967, dedicó 10 años de sus vida misionera a Chocó (1930-1940); escritor, director de teatro, compositor y cineasta, fue uno de los artífices de la fotografía y el cine claretiano en Chocó. Consciente de su papel de cronista, escribió sobre cómo concibieron la idea de rodar en plena selva una película, en la cual las comunidades indígenas de la familia Emberá de Catrú y el Chamí eran los protagonistas principales.
En el libro Sendas de Apostolado dice: "desde hacía tiempo una idea, al parecer descabellada, me barrenaba la cabeza. ¿Por qué no dar a conocer lo abyecto de la vida de los habitantes de la selva chocoana para con ello excitar la compasión de las almas buenas, dándoles así la bella ocasión de practicar la caridad cristiana? Pero me hacía a mí mismo esta cuenta: si lo escribo, no me leen. Si lo cuento, no lo creen. Que vengan a vengan a verlo, imposible que se convenzan de sólo oídas, lo es menos todavía. No quedaba, pues más que un remedio: captar esas escenas y grabarlas en el celuloide para hacerlas luego revivir ante el público extrañado de que tan triste situación sea posible en pleno siglo XX. ¡Pero qué quijotada tan grande! ¿Quién podrá comprender los esfuerzos necesarios para mantener en acción a toda una tribu durante varios días consecutivos y para que consistiera el brujo hacer a plena luz del día, lo que nunca ejecuta sino cuando imperan las tinieblas? ".
En esta película colaboró el misionero y fotógrafo José María Cervello, quien aportó gran parte del material fotográfico y fílmico que había recopilado en sus múltiples recorridos por Chocó y que fuera utilizado también para ilustrar los informes oficiales de la prefectura apostólica de los años 1915, 1918, 1921 y 1929, al igual que las que aparecen en el informe de algunas excursiones apostólicas de la misión de Chocó, obras que fueron impulsadas por el segundo prefecto apostólico Francisco Gutiérrez. Estas imágenes, y otros muchos metros de filmaciones claretianos, sobre la construcción del Jesús de Nazareno, la vida de los seminaristas en el postulantado de Bosa, en las cercanías de Bogotá, y la inauguración del cementerio San José de Quibdó son el legado de memoria visual que reposa en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, donde fueron entregadas para que hagan parte de los programas de preservación y conservación del patrimonio audiovisual colombiano que lleva a cabo esta entidad. Ficha técnicaCorte y Montaje: Pedro López. SinopsisEste documental en blanco y negro nos muestra aspectos apostólicos e imágenes de los misioneros claretianos, verdaderos heraldos de señor durante sus primeros cincuenta años de evangelización en Chocó. Da comienzo con una poética descripción de Colombia y España y de la región de Chocó, de la cual se dice marcha con paso seguro por la senda de la civilización. Se hace una presentación de las comunidades indígenas que han permanecido en estado de aislamiento. El filme incorpora imágenes de otras películas religiosas sobre la vida de Jesús ascendiendo a los cielos. También muestra la ceremonia e imposición del crucifijo y la ordenación de los sacerdotes claretianos; los coros claretianos interpretan las alabanzas antes de iniciar la partida hacia Chocó, donde llegan en hidroavión a la ciudad de Istmina, recorren caminos, ríos, fundan iglesias, seminarios y donde también se perdieron muchas vidas en la tarea evangelizadora, como la del padre Narciso Rodríguez, cuya sepultura yace en las faldas del río Taridó. Amanecer en la selva nos muestra diversas facetas de los claretianos, maestros, constructores, expedicionarios por caminos llenos de abismos, puentes colgantes, ríos torrentosos hacia el Chamí, a la vez que realiza un paralelo entre la labor de Jesús y los misioneros.
Desde Istmina parten las excursiones apostólicas hasta el Baudó y el Pacífico, con embarcaciones a motor, canoas y luego a pie con ayuda de cargueros y guías en recorridos de varios días, hasta llegar por el río Pepe hasta Docampado en el Pacífico, una de las rutas de llegada al río Sibirituá. Por Catre en el Baudó, donde se escenifica en su gran mayoría este documental, que es en últimas la colonización y posterior construcción del internado indígena en Catrú, lugar donde se concentraba una de las mayores poblaciones indígenas de Chocó. El documental goza de alto valor histórico, cultural y antropológico, pues muestra aspectos de la cultura aborigen y la labor de persuasión y evangelización que realizaba con pedagogía santanderista el padre Canals, uno de los protagonistas de esta historia. El documental, de 45 minutos de duración y en blanco y negro, con muy buen manejo de cámara y fotografía, muestra un proceso de transformación cultural y religiosa de estas comunidades bajo la influencia católica, que al tratar de trasculturizar aspectos como el vestido, muestra una ridícula escena que rima en la caricatura, al vestir a toda una comunidad con trajes de paño, saco y pantalones a la moda occidental. La isla de los deseos
Con una cámara Bolex, de cuerda manual, el padre Jorge Restrepo haciendo de camarógrafo, sonidista y productor, filmó varias películas vocacionales, entre ellas La isla de los deseos, obra definitiva para muchos claretianos que dieron su "sí" inicial, convertida hoy, con otros documentales, en referencia histórica de la provincia y material del Patrimonio Nacional3, Memoria Visual del Chocó. La isla de los deseos es considerada un dramatizado promocional, realizado en cine de 16 mm, con una duración de 61 minutos 2 segundos. El guion fue realizado por el padre c.m.f. Miguel Estrada y el sonido fue de Héctor Fernández Valdés. Intervienen también los coros claretianos y el misionero aviador Alcides Fernández, quien fue pieza clave para la realización de esta película. Jorge Restrepo nació en Medellín el 5 de febrero de 1914 y, ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1937, su vida trascurrió en diversas iglesias de España, Colombia y Ecuador. Fue músico y compositor, y aprendió de forma autodidacta la ingeniería. Sus aportes se pueden encontrar en huellas que dejó en las casas de Pereira, el Voto Nacional y Bosa en Bogotá. El 18 de diciembre de 1982, en un admirable gesto de disponibilidad misionera, aceptó a sus 72 años el destino de Bagadó, donde desempeñó labores durante once meses.
Sinopsis: la cinta promociona la comunidad de misioneros claretianos en Colombia, realizada a finales de los años cincuenta. Es una de las primeras películas claretianas filmadas a color. Su escenario inicial es el seminario de Bosa, cerca de Bogotá y el final es en las selvas y costas del Darién chocoano, donde el padre Alcides Fernández protagoniza el trabajo evangelizador. Con su labor permitió trasladar feligreses de la Costa Atlántica y el Urabá para poblar estos valles vírgenes y ricos para la agricultura. Frente a estas tierras en el Golfo de Urabá, cerca de Triganá, está una pequeña isla llamada La Isla de los deseos, lugar donde se desarrolla parte de esta historia de vida. En el seminario claretiano de Bosa, dotado de unas cómodas instalaciones, se inicia el relato que hace un sacerdote a un grupo de niños sobre su vida misionera. Muestra cómo los jóvenes estudiantes alternaban sus estudios religiosos con el deporte y el aprendizaje de trabajos en agricultura, carpintería y electricidad. Allí trascurren para los párvulos sacerdotes sus primeros estudios, luego cinco años de teología, hasta el momento de la ordenación y viaje hasta Chocó.
La película incorpora el manejo de efectos de fundido y disolvencia que sirven de montaje y continuidad entres escenas. A nivel visual se destaca un manejo estático de la imagen y una buena fotografía. A largo de toda la cinta se escucha de fondo la música religiosa interpretada por los coros claretianos que le dan un aire celestial a esta historia, que buscaba promocionar a la comunidad claretiana y su papel evangelizador en lugares recónditos de Colombia, como Chocó. El filme recoge aspectos de la comunidad claretiana en diversos escenarios del país, como el nevado del Ruiz, ciudades como Medellín y la zona del Darién chocoano, de las cuales se realizaron varias tomas aéreas espectaculares, de las selvas y costas, logradas desde la avioneta del sacerdote Alcides Hernández. A lo largo de la película se muestra un paisaje de una gran diversidad biológica en especies de fauna y flora.
El trabajo del misionero, que por primera vez pisa territorios en donde antes no había estado la palabra de Dios, es difícil pero enriquecedor: comienza con la visita a los indios y a las comunidades negras del Darién, los bautismos, los matrimonios, la aculturación, la construcción de la iglesia, por la cual el padre Alcides se convirtió en un icono, en el cura aviador y colonizador espiritual de esta zona donde permaneció toda su vida, hasta 1999, cuando fallece. Su nombre es recordado en Ungía y Acandí. En esos ires y venires por selvas y mares el sacerdote sufre un naufragio y llega a una pequeña isla con muchas palmetas, un hermoso y paradisíaco paisaje, con un mar azulado. Esta isla es una guarida de piratas que asesinan a un niño, quien se sacrifica para proteger al misionero que luego ofrecerá una misa para encomendar su espíritu al santo Antonio Maria Claret. Un tierno y triste final para una película religiosa, que se complementa con la escena de uno de los niños, que escuchan el relato en la tranquilidad de la sabana de Bogotá y quien decide ofrendar su vida a Dios, luego de que su hermano sufre un accidente y es salvado por un milagro atribuido a Antonio María Claret, fundador de la orden claretiana. El pequeño ingresa al seminario, dispuesto a ser un claretiano y a continuar la labor misional. 1 "La gran ilusión". Críticos de Cine en
Pereira – Germán A. Osaa E. – Fondo Mixto de la Cultura y las Artes de Risaralda,
1996. |
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