Trayectoria del río Magdalena en la cinematografía colombiana

Portada del catálogo de la exposición "Río Magdalena. Navegando por una nación"





Con motivo de la exposición "Río Magdalena. Navegando por una nación" que estará abierta hasta el 4 de mayo en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Colombia, presentamos una reseña, en retrospectiva, de cómo apareció el río Magdalena en la historia del cine colombiano. Primero en las evocaciones y descripciones del pionero Gabriel Veyre, luego en las exhibiciones de películas en las poblaciones costeras, hasta fijarse posteriormente en los registros fílmicos donde quedaron plasmados los primeros montajes cinematográficos, en rollos, que no llegaron hasta nuestras días, de la que aún sobrevive como la primera arteria fluvial del país.
 

Primeras apariciones, primeros montajes

Imagen promocional del Cinematógrafo Lumière y Gabriel Veyre, concesionario

El quinto río más largo del mundo, el Magdalena, ha estado presente en el cine colombiano desde cuando llegó el cine al país. El francés Gabriel Veyre (1871-1936) director técnico del Cinematógrafo Lumière, de quien se sabe que presentaba funciones para junio de 1897 en Ciudad de Panamá, es el pionero que introdujo las exhibiciones cinematográficas en Colombia1. Si bien el empresario Balabrega el 14 de abril del mismo 1897 proyectó en el puerto de Colón por primera vez, en lo que entonces era parte del territorio nacional, vistas animadas, utilizando un vitascopio de Edison, como parte de las múltiples atracciones del programa de variedades de su espectáculo de feria ambulante.

El 14 de junio de 1897, un día después de su desembarco en Colón el farmacólogo Veyre, que había abandonado su profesión para convertirse en operario de los hermanos Lumière, escribe con ansiedad y entusiasmo: "mañana parto para Panamá (Ciudad de) para instalar mi aparato una quincena de días (…) lo dejaré allá… para ir yo mismo a Barranquilla, a dos días de vapor de aquí. Es probable que después de Barranquilla vaya a la capital, Bogotá. Es un viaje precioso sobre el río Magdalena que uno sube en barco durante ocho días. Dicen que durante todo el trayecto es un paisaje en albura, dando una verdadera idea de América salvaje: bosques vírgenes, monos, pericos, cocodrilos todo a montones". Todos los apartes reproducidos pertenecen a la correspondencia personal de Veyre publicada en 1996 por la Filmoteca de la UNAM de México bajo el título Cartas a su madre.

Gabriel Veyre, Cartas a su madre Carta de Gabriel Veyre

Los deseos del emisario francés de llegar al río Magdalena no se ven de inmediato cumplidos, tiene que ir primero a Venezuela donde permanece hasta mediados de agosto y sólo hasta la primera semana de septiembre de 1897, después de haber llegado a Cartagena, se puede embarcar en el vapor Diez Hernando. En una carta fechada 10 de septiembre, ya a bordo del barco, cuenta: "apenas llegué a Cartagena hube de tomar el tren para Calamar y ahí el barco para Bogotá: hace tres días que subimos el río pero no vamos aprisa, a cuatro kilómetros por ahora. Todavía tenemos 7 u 8 días de barco y después 2 ó 3 días en mula" (hasta llegar a Bogotá). En una misiva fechada dos días antes, el miércoles 8, después de hacer una detallada descripción de los pormenores del viaje, de la embarcación y de la comida que se servía, narra con gran atención la forma como se obtenía el agua que luego de filtrarla se daba para el consumo de pasajeros y tripulación: "los filtros de agua son inmensas piedras porosas, talladas en puntos y ahuecadas en el interior. Es ahí donde se pone el agua del río, que en este tiempo es muy turbia: el agua escurre gota a gota en las jarras colocadas abajo. El agua sale clara. En cuanto a su contenido en microbios, no puedo hacer el análisis (…) en América, donde la ciencia se encuentra atrasada no se hace uso de otros filtros".

Veyre no pudo llegar a Bogotá. En su travesía río arriba tuvo lo que califica en su correspondencia como "mis desgracias en Honda" y ya de regreso, buscando Europa, expresa tajantemente su infortunio, en una carta del 10 de octubre desde Cartagena: "¡Cuántos acontecimientos tan infaustos se desarrollan cada día! ¡Ah, sí! ¡Me harté de América! Más vale morir 100 veces de hambre en Francia que sufrir en estos países perdidos". Para finalmente rematar: "¡Oh el día que veré la tierra de Francia!, ¡qué suspiro voy a echar y cómo voy a decir adiós de buen corazón a la América el día que parta de Colón! ¡He sufrido demasiado para no regresar jamás!".

Veyre llevaba consigo un equipo Lumière con el que, además de facilitarse el revelado de las películas, filmaba y por supuesto proyectaba. Sin embargo, jamás hace referencia a registros cinematográficos realizados durante su periplo por Cartagena y el río Magdalena; cabe pensar que jamás los realizó, pues no cuenta nada en su pormenorizada y frecuente correspondencia dirigida en su gran mayoría a su madre y hermano.

La exhibición de cine en los puertos sobre el Magdalena ya estaba regularizándose a principios de la centuria pasada. En Honda, uno de los centros más importantes en el tráfico fluvial, el empresario Óscar Duperly tuvo las primeras temporadas de "vistas movibles" entre noviembre y diciembre de 1907 en el Teatro Unión, según se anunciaba en el periódico La Razón del 15 de noviembre de 1907. Los empresarios que explotaban el naciente negocio utilizaban el Magdalena para llevar el cine, es así como a Medellín se llegaba desde Puerto Berrío y en 1906 la Compañía de los Hermanos Ireland, procedente de Bogotá, presentó la primera película con un título que hace referencia directa al Magdalena: La muerte de un mosquito del Magdalena, según lo recoge Edda Pilar Duque en su libro La aventura del cine en Medellín (1992), con datos obtenidos en la publicación Mesa revuelta de marzo 8 de 1906.

Las que podemos atribuir como posteriores "presencias" en la cinematografía nacional del río Magdalena, fueron documentadas y divulgadas por Hernando Salcedo Silva en Crónicas del cine colombiano: en el programa presentado por la Compañía Cronofónica -con privilegio de L. Gaumont y Co. Inventores, Londres- el cual hace referencia al río en los títulos de varios cortos entre los 14 títulos anunciados, para ser presentados algunos por solicitud del público el domingo 19 de mayo de 1907 en el Teatro Municipal.

Vista del Bajo Magdalena en su confluencia con el Cauca, en colores. Estreno, Subiendo el Magdalena y Puerto de Cambao son los que debieron contener las imágenes del inmenso río, por entonces única vía para llegar al centro del país y a Bogotá. Otro de los cortos, el titulado El Ecmo. Sr. Gral. Reyes en el Polo de Bogotá, que se presentó en esa velada cinematográfica, tuvo que ver con el río, por otras razones diferentes a las de contener imágenes del Magdalena las cuales se relatan más adelante. De manera que aunque no se conserva sino la noticia de la existencia de estos registros, pero ninguna de las películas, se sabe que fueron captadas por un fotógrafo alemán de nombre M. A. T. Mayer. El hecho de haber sido anunciada su exhibición en colores como lo anota Carlos Álvarez en Orígenes del cine en Colombia, de 19952, indica que "fueron procesadas y coloreadas en Europa, presumiblemente en Francia" seguramente en las fábricas de la Gaumont de la cual la empresa Cronofónica, que organizó la exhibición, decía ser representante autorizada. Cabe preguntarse si esto puede ser cierto pues las técnicas para exhibir imágenes coloreadas no solamente se estaban desarrollando en el sentido de tener copias de exhibición en color, así fueran pintadas manualmente, sino que también, al momento de la proyección, mediante filtros, se simulaba el color. Lo que sí queda constatado es que ya por estos años por el río Magdalena viajaban, río arriba y río abajo, los rollos impresionados con vistas animadas de acontecimientos y paisajes nacionales.

Subiendo el Alto Magdalena ya se había estrenado el 13 de enero de 1907; el cronista de El Artista escribió en una nota publicada en Bogotá el 19 de enero: "es sin disputa la vista más hermosa exhibida hasta hoy. Empieza por la partida de uno de nuestros vapores de río, orlado de tupida vegetación, ora la de sus orillas, donde de pronto, entre la alta y enmarañada maleza, aparece la ranchería indígena, con sus gallinas, sus cerdos, sus calentanitos a medio vestir, sus redes, etc. A la vista de todo aquello parece que le suben a uno por el cuerpo las oleadas de calor de aquella tierra por siempre calcinada por el sol. ! Qué riqueza de vegetación, que hálito inmenso de vida se esconde allí entre ese bosque que siempre se brinda lozano y exuberante a los ojos del viajero ¡Cuánto porvenir guardan para la querida patria esas tierras cuya ferocidad brota espontánea como diciendo al hombre: aprovechádme! La exhibición de esta vista, que tiene mil bellos detalles, valió toda la función del domingo".

Estas travesías de los rollos de película en soporte fotoquímico por el río Magdalena propiciaron también el ejercicio forzoso de las primeras ediciones de las películas; en la investigación ya citada de Carlos Álvarez se revelan datos del mayor interés, pues las latas que contenían las vistas que tomó Mayer realizaban largos viajes a los que se les sumó el naufragio que tuvo el vapor Lafaurie, que las conducía de Barranquilla a Bogotá y que dañó parte de la titulada El Ecmo. Sr. Gral. Reyes en el Polo de Bogotá, por lo que tuvieron que cortar los tramos inservibles y pegar nuevamente los que no presentaban deterioro para exhibir un montaje que acortaba la versión de la copia positiva original.

En la Revista de la Paz, editada en Bogotá, en el número fechado en febrero 1 de 1907, el cronista, que firmaba como "Tío Juan", deja en claro la evidencia de los hechos: "en este película vemos al Excmo. Sr. Presidente de la República a su llegada al campo del Polo, afable y curioso, recibiendo a un grupo de niños que salen a saludarlo. La figura marcial de nuestro presidente está muy bien copiada y el parecido es perfecto. La parte más interesante del juego (…) y el encuentro de dos caballos que tuvo lugar el día que se tomó la vista, se perdió en el daño que sufrió la película. Sale en seguida el Excmo. Sr. Presidente acompañado por sus hijas la Sra. de Valenzuela y la Srta. Nina y por algunos caballeros, entre los cuales conocimos al galante Gobernador del Distrito Capital. D. Álvaro Uribe y al Sr. D. Carlos Valenzuela; el Presidente conversa con el gobernador, mientras las señoras y el Sr. Valenzuela suben a la victoria; enseguida ocupa aquel su puesto en el coche, sube el Oficial de Ordenes con vistoso y elegante uniforme al pescante y parte el coche seguido de cerca por dos edecanes a caballo. El parecido de las personas nombradas es excelente".

El curso del Magdalena en el cine nacional

Durante el período de producción de largometrajes en la etapa silente de la cinematografía nacional, Bajo el cielo antioqueño y Garras de oro tocan con sendas y repetidas secuencias al Magdalena. En la superproducción Bajo el cielo antioqueño de 1925, realizada, en gran parte, por el empeño del empresario Gonzalo Mejía, no sólo se muestra Puerto Berrío sino que aparece el Hotel Magdalena, uno de lugares más emblemáticos de esta población y de la historia de la navegación por el río, que atraía un gran número de viajeros. La película termina precisamente con el reencuentro de los enamorados, que previamente se han unido en un "matrimonio por poder", a orillas del Magdalena. Gonzalo Mejía ya había presentado en Manizales en 1913, según lo refiere Edda Pilar Duque en La aventura del cine en Medellín, un corto sobre el vuelo de un Hidroplano en el río Magdalena. En El Espectador de abril 15 de 1913 el cronista que no asistió a la función escribe: "dicen que en la vista puede apreciarse perfectamente la suavidad y al mismo tiempo la rapidez inaudita del hidroplano, al deslizarse sobre las aguas del Magdalena".

En Garras de oro de 1926 una de las secuencias más emocionantes, que tiene percusiones y disparos, ocurre en Honda donde en confusas acciones se teje una coartada de uno de los personajes que, eludiendo la persecución de que es objeto, logra pasar importantes documentos que posteriormente son definitivos en el desenlace de la cinta.

Luego el río Magdalena transcurre de forma cadenciosa en la historia del cine nacional y son muchos los registros y obras que lo toman como escenario o tema y que le permiten ser el río colombiano con la más larga filmografía. En un documento anexo, preparado por Jorge Moreno del Centro de Documentación y Biblioteca de la Fundación, se presenta una relación que por supuesto deberá ser complementada, pero que funciona como bitácora de viaje por las aguas de la memoria fílmica del Magdalena. El video escogido para acompañar este Boletín, editado por Jorge Ávila —como todos los presentados en el Boletín de la FPFC—, recoge imágenes en color tomadas en los años cincuenta del pasado siglo y que hacen parte del acervo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, se presenta con la musicalización realizada por Alejandro Palacios, funcionario de la institución.

La exposición

La exposición "Río Magdalena. Navegando por una nación"- presenta, en el exhaustivo periplo que se han propuesto los curadores de la misma, pantallas con imágenes de archivo provenientes del archivo de la Fundación, así como nuevas videograbaciones seleccionadas por los organizadores, donde se advierte sobre las heridas que el desarrollo socioeconómico del país ha infligido a la cuenca y al río, interviniéndolo de forma radical y esperemos que no fatal. Entre las más destacadas está la recreación del testimonio que desde Alto Pericongo en Timaná (Huila) de la gesta luchadora de la cacica Gaitana contra la conquista española en un monólogo que se presenta en una pantalla vertical. Pablo Mora realizó en ese mismo año para la exposición otro testimonio desolador: el de un niño guía que cuenta desde el histórico Puente Navarro la historia de los demás viaductos que atravesaban el río en Honda, que se conoce como "La ciudad de los puentes"; a esto se agrega el alegato de los pescadores ribereños, abocados a olvidar su oficio ante la desaparición de la temporada de pesca anual que se conocía como "la subienda" y la extinción de especies piscícolas, hoy piezas de museo como el corocoro, el bagre del Magdalena y el bocachico, otrora considerado el rey del río…

Rito Alberto Torres
Subdirección Técnica FPFC

1 Veyre es también el pionero del cine mexicano: comenzó a exhibir cine con su aparato el 14 de agosto de 1896. Ese mismo año filmó y presentó las primeras películas hechas en México. También estuvo detrás de la primera proyección de cine que se realizara en Cuba el 24 de enero de 1897.

2 Investigación inédita de la cual se publicará próximamente, por el Museo Nacional, una parte en las Memorias de XII Cátedra Anual de Historia ‘Ernesto Restrepo Tirado’ 2007.