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Cuadernos de Cine Colombiano 9: el cortometraje

Por Juan Carlos Arango Espitia

Portada de Cuadernos de Cine Colombiano, nueva época, núm. 9

La Cinemateca Distrital presenta el número 9 de los Cuadernos de Cine Colombiano, en su nueva época, donde se analiza la presencia del cortometraje en la producción audiovisual de nuestro país, en todos los ámbitos de creación artística donde éste ha participado, desde el cine y la televisión, hasta el video experimental y las artes plásticas.

El primer artículo, titulado El cortometraje en Colombia: grandes actores, aborda la categorización del cortometraje en el medio audiovisual y hace un breve recuento de su historia en otros países y en Colombia, desde la llegada del cine en 1897 hasta 1998, año en que el Ministerio de Cultura ofrece en una convocatoria los primeros estímulos para la producción de filmes "Chiquitos pero picosos".

Uno de los puntos más polémicos que trata Julián David Correa en este primer texto de la publicación tiene que ver con la definición del término "cortometraje", clasificándolo como "una obra audiovisual cuya duración no supera los 69 minutos", aunque reconoce también que "en Colombia, en los años ochenta, se llamó mediometraje a las obras que pasaban de los 23 minutos y que estaban por debajo de los 69". Así mismo, señala que en Perú se denomina cortometraje a la obra cinematográfica que tiene una duración menor a los 20 minutos, mientras en España algunos directores amplían el límite hasta los 35 minutos; en ambos casos, esto abre un espacio para el término "mediometraje", que en Colombia "desapareció oficialmente" después del proyecto "Mediometrajes para Televisión" de la Compañía de Fomento Cinematográfico (Focine).

Hay que señalar que la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano (FPFC), entidad que sigue las pautas de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (Fiaf), considera que toda obra menor a 50 minutos es un cortometraje.

En todo caso, Correa parte de un hecho inequívoco: "en los comienzos del cine todas las películas eran cortometrajes". De ahí en adelante analiza el aporte de reconocidos directores de todo el mundo al filme de corta duración, desde Charles Chaplin o D. W. Griffith, hasta Luis Buñuel, Federico Fellini, Vittorio De Sica o Luchino Visconti, pasando por los míticos trabajos universitarios de Oliver Stone, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o George Lucas.

Este artículo hace un fugaz recorrido por las diversas etapas del cortometraje en Colombia. Empieza en los últimos años del siglo XIX, con las primeras "vistas cinematográficas" que probablemente filmó Gabriel Veyre, operador de la Lumière, y de las que "no queda ni un solo plano", y sigue con los noticieros de los hermanos Di Doménico y los hermanos Acevedo, la controvertida etapa del "sobreprecio" y el cine periférico de Marta Rodríguez, Luis Ospina y Carlos Mayolo, entre otros. Luego de repasar la era de Focine, cierra con la mencionada convocatoria "Chiquitos pero picosos" y arroja una mirada sobre el tema que abordará el segundo artículo: Corto Colombiano 1999-2006: el sobresalto.

En este segundo texto, Pedro Adrián Zuluaga y Jaime E. Manrique se concentran en la producción de cortometrajes en el período señalado, a partir de la marcada influencia de la televisión y la academia. En ese sentido, postulan la obra Alguien mató algo (Jorge Navas, 1999) "como la semilla del actual cortometraje en Colombia", que según ellos se define, en términos estéticos y narrativos, como una particular mixtura "hecha de contaminaciones, citas cinéfilas, hibridación de formatos, superficialidad ética y política, cinismo, desencanto y un fuerte desequilibrio entre poder, querer y saber".

En cuanto a la exploración del cortometraje desde el entorno universitario, los autores destacan de manera especial la labor desarrollada en la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, con ejemplos destacados como La cerca (Rubén Mendoza, 2004), Od el camino (Martín Mejía, 2003) y Xpectativa (Frank Benítez, 2005). Otros centros académicos que menciona el artículo como semilleros de experimentación son la Escuela de Cine Black María, la desaparecida Escuela de Cine de Universidad de Antioquia, la Universidad del Magdalena, el Centro Colombo Americano de Medellín, la Universidad Javeriana, la CUN y el Politécnico Grancolombiano.

El artículo también tiene en cuenta la formación de realizadores colombianos en escuelas de otros países, como Miguel Salazar con su obra Martillo (2005), Jhon Jairo Narváez con Cinema Árbol (2005), y Reinaldo Sagbini con El color del amanecer (2006), entre otros.

Como la financiación de los cortometrajes merece un espacio en este recuento de los Cuadernos de cine colombiano, se tienen en cuenta los estímulos de entidades como la Cinemateca Distrital, la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. Además, se habla de un "corto independiente" donde se hacen "visibles mayores cuotas de libertad y de riesgos", se anota la importancia del corto animado (en especial el asistido por herramientas informáticas), se detecta la amenaza de los "cortos por encargo o el fantasma del sobreprecio" y se mencionan el documental para televisión y las "olas regionales" en la costa caribe, Antioquia, Cali y Bucaramanga.

Esta detallada descripción de la historia y el desarrollo del cortometraje colombiano sirve como base para profundizar en su importancia dentro del medio audiovisual, recordándonos que éste "ya no es sólo el escalón obligatorio para un más allá cinematográfico, como se entendía tradicionalmente, sino un formato con posibilidades expresivas tan complejas como las de un largo".

 

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