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Marta Rodríguez*

Por Rito Alberto Torres Moya
Subdirector técnico de la FPFC

Marta Rodríguez

Fotografía: Jorge Silva.

La obra de Marta Rodríguez (Bogotá, 1938) en compañía de Jorge Silva (Girardot, 1941- Bogotá, 1987), y luego, la de Ella, es un discurso de Memoria Histórica, que fluye paralelo a la versión predominante: la del olvido y la desmemoria impuesta por la exclusión. En sus películas se sienten voces ancestrales, indígenas, campesinas, desplazadas, hacedoras de ladrillos; las que renacieron de las cenizas de Armero y se salvaron de las masacres; las de mujeres marchitas, las voces sin voz y las de las casas vencidas, que tejen una visión crítica y analítica, audiovisual y antropológica, de la historia social y política de Colombia en los últimos cincuenta años.

 

Humanismo y compromiso social son la base sensible sobre la cual Marta Rodríguez ha construido su obra. Bachiller del Colegio María Auxiliadora de Bogotá, estudió en Madrid una Licenciatura en Ciencias Sociales y luego en París, en 1960, entró en contacto con Jean Rouch y el Cinema Verité: "Un cine que utiliza el artificio cinematográfico, sin violentar la vida de la gente y sus actividades (...) un ojo observador que participa de la vida de ellos"1.

Tras su regreso a Colombia, se reencuentra en 1966 con Camilo Torres en la recién creada facultad de Sociología de la Universidad Nacional y ese mismo año conoce a Jorge Silva, con quien realiza películas fundamentales como: Chircales (1967-1972); Planas. Testimonio de un etnocidio (1971); Campesinos (1970-1975) y el largometraje documental con puesta en escena, Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (1978-1981), reconocidas en el exterior y casi desconocidas por los colombianos.

La reflexión acerca del abandono y la muerte que hacen un par de ancianos damnificados de la tragedia de Armero, en el documental en video Nacer de nuevo (1987), da inició a una etapa más personal en su trabajo. A partir de 1992, producto de talleres de realización con comunidades indígenas, surgen documentales como Memoria viva (1992-1993), Amapola flor maldita (1992-1996), Los hijos del trueno (1994-1998) y La hoja sagrada (2001-2002). Una casa sola se vence (2004) deja ver como, a sus 67 años, esta poeta documenta con un cine de urgencia y denuncia el doloroso testimonio de las víctimas de la violencia y su esperanza por cambiar su "No futuro".

1 Cuadernos del cine colombiano N.º 7, octubre 7 de 1982, Cinemateca Distrital de Bogotá.

* Publicado originalmente en la edición No. 1224 de octubre 17 a 24 de 2005 de la Revista Semana, Edición Especial: Mujeres colombianas.

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