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La edición número 60 de la revista Número actualmente en circulación viene cargada de cine no solamente trae en su caratula una de las primeras imágenes impresas de la película Los viajes del viento, próxima a estrenarse, la más reciente producción del joven realizador colombiano Ciro Guerra (La sombra del caminante, 2003), de la cual afirma Guillermo González el director de Número: "Los viajes del viento es una película que tiene carne, que tiene fondo, que tiene sustancia. Es una película de autor que no hace concesiones para ganar espectadores —pero que seguramente los tendrá, y muchos—". Contiene además la reseña del Iibro póstumo de Carlos Mayolo, La vida de mi cine y mi televisión. Sin embargo lo que hace más interesante y oportuna esta publicación es una separata donde colaboran 36 personas vinculadas al quehacer cinematográfico nacional que fueron invitadas a participar en la redacción de esta publicación. El cine colombiano: presente y futuro ¿Una industria y un arte que despegan? es el título de este documento que contó con el auspicio de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá, la concepción y el desarrollo de este especial estuvo a cargo de Ana Cristina Mejía y Liliana Merizalde bajo la dirección de Guillermo González Uribe. La relación de temas y de colaboradores es la siguiente: El subdirector técnico de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano fue convocado a participar en esta separata. Por razones de espacio y longitud el texto original tuvo que ser acotado por lo que lo ofrecemos en su integridad, a continuación, tal como fue redactado inicialmente. La preservación como re-conocimiento de la memoria audiovisual colombianaPor Rito Alberto Torres
Carlos Losilla, Habla memoria en Culturas, No. 334, suplemento de La Vanguardia, Barcelona, 12 de noviembre de 2008. Algo de historia
Cuatro décadas tuvo que esperar el cine para que se crearan las primeras cinematecas: la del MoMA de Nueva York (1935), los archivos fílmicos de Londres y Berlín (1936), la Cinemateca Francesa (1936) y finalmente, en ese decenio, la Federación Internacional de Archivos Fílmicos —FIAF—, que inició labores en Bruselas en 1938. En Colombia, sólo hasta 1954 el librero catalán Luís Vicens1, funda la Filmoteca Colombiana, gracias al auspicio del Cine Club de Colombia, su otra creación, ésta del año 1949. Más tarde cambiará el nombre, con una etimología más castellana, a Cinemateca Colombiana, la misma que en 1957 y tras la adquisición de los primeros filmes de su acervo, es admitida en la FIAF. Este impulso de archivo cinematográfico continuó, en 1979, con un grupo de entusiastas liderados por Hernando Salcedo Silva (1916-1987) y Jorge Nieto que trabajaban en la por entonces renombrada Fundación Cinemateca Colombiana. Posteriormente, en 1986, un Comité Asesor convocado por FOCINE recomendó la creación de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, que recibió los legados de estos pioneros y de las instituciones que hasta entonces los acogieron: el espacio donde se pusieron las bases para la construcción, mediante la preservación y conservación de una memoria audiovisual propia. Usos y procedimientos
La recopilación, iniciada en los años sesenta, de los soportes materiales que sobrevivieron a la desidia y el desconocimiento en el que hasta este momento se tenían las películas de producción nacional, se complementó con el inicio de las investigaciones acerca del inventario de las producciones nacionales y la reconstrucción de la historia de la llegada del cine a Colombia (1897); con las noticias acerca de los primeras filmaciones realizadas en el país (1899). De los 18 largometrajes realizados durante la etapa silente del cine colombiano, que va de 1915 hasta 1933, sólo dos se conservan, casi, en su metraje completo: Bajo el cielo antiqueño y Alma provinciana, ambos encontrados en elementos únicos, unas copias de exhibición en base de nitrato de celulosa, gracias al empeño del "padrecito" Salcedo Silva quien según cuentan y ante la ausencia de equipos apropiados (una moviola, por ejemplo) para visionar los frágiles rollos en que estaban estas obras, se contentaba con una consulta a trasluz de estas películas, acerca de las cuales él comentaba y escribía para de esta forma acercar la conciencia de lectores y espectadores a la importancia de valorar su propia historia fílmica. Pasarían más diez años desde la puesta en marcha de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano para lograr duplicar los 14 rollos, únicos soportes encontrados, y obtener nuevos negativos de preservación para luego reconstruir, lo más cercano posible al montaje original Bajo el cielo Antioqueño (Arturo Acevedo y Gonzalo Mejía, Medellín, 1925). El "estreno" en una versión restaurada ocurrió en 1999 "en soportes cinematográficos modernos" como dice en el catálogo que se editó para esa ocasión. El primer gran empeño de preservación cinematográfica, es decir mediante la obtención de contratipos negativos en soporte fotoquímico, de los únicos elementos encontrados, fue realizado sobre el que a partir de 1987 se conoce como Archivo Histórico Cinematográfico Colombiano de los Acevedo, bajo la dirección de Jorge Nieto y el auspicio del por entonces propietario y poseedor del archivo, Esso Colombiana; más de treinta horas con registros fílmicos de las diversas regiones del país, en un periodo que va de 1915 hasta más allá de pasados los años 50. No sobra recordar que uno de los factores que ha determinado el desarrollo de la cinematografía nacional es el de la dependencia tecnológica, por lo tanto estos trabajos especializados sólo se hacen, ayer como hoy, en laboratorios fuera del país. Para el acceso, reutilización y socialización de estos elementos, los archivos audiovisuales, al igual que las bibliotecas y museos, catalogan, describen y ponen en contexto el contenido de estos registros de forma tal que el ahora documento (soporte y contenido) audiovisual, adquiere el valor histórico y la categoría de legado patrimonial, para las futuras generaciones, que debe ser conservado, divulgado y puesto a disposición de cualquier tipo de interesado. Para el fortalecimiento del patrimonio audiovisual colombianoLa necesidad de preservar los soportes únicos en que se encontraban las películas y fragmentos anteriores a 1950, que en el continuo trabajo de investigación y acopio habían sido ubicados y recolectados por la Fundación, muchos de los cuales presentaban avanzados procesos de deterioro, se preveía como una lucha contra el tiempo en la que las prioridades dejarían algo más que unos títulos perdidos. Sin embargo, esta dinámica tuvo una variación importante a partir de la puesta en marcha de la Ley 813 de 2003, más conocida como Ley de Cine. Desde 2004 se viene aplicando una gestión en el marco de un programa identificado como Fortalecimiento del Patrimonio Audiovisual Colombiano y se ha logrado dar impulso al rescate y preservación de las piezas únicas de largometrajes correspondientes a las etapas de la implantación del sonido y los primeros de producción nacional en colores, para avanzar en la obtención de los "elementos de tiraje" para todas las obras representativas o importantes de la cinematografía nacional, de forma tal que se asegure su reproducibilidad, tanto ahora como en el futuro2. Estas acciones en términos generales se complementan con la intervención sobre otras obras más contemporáneas que se encuentran en estado de riesgo3 y, a partir de 2008, con la puesta en marcha por primera vez en Colombia del depósito legal, lo que ha permitido acopiar copias estándar de exhibición, en buen estado, de los más recientes estrenos del cine colombiano, destinadas especialmente para la preservación4. Para apuntalar todos los esfuerzos y asegurar una conservación que atiende a los estándares ya probados en los archivos con más experiencia, se ha reactivado un proyecto que desde los inicios de la Fundación ha estado como prioridad: una sede donde se conserven de forma controlada (sobre todo en lo que respecta al control de la humedad y la temperatura) los soportes donde se fijan las películas y registros audiovisuales de producción nacional. Un centro de conservación (almacenamiento técnico a largo plazo) de soportes audiovisuales (rollos de cine, casetes de video, cintas de audio, discos ópticos, memorias de estado sólido). El reconocimiento constitucional de la obligatoriedad por parte del Estado se había dejado manifiesto en la Ley 397 de 1997, Ley General de Cultura, que en el parágrafo único del artículo 12 dice: "El Estado, a través de Ministerio de Cultura, fomentará la conservación, preservación y divulgación". Por lo tanto el Ministerio de Cultura a través de la Dirección de Cinematografía como ente gubernamental acompaña las políticas que hacen parte de la misión institucional y la gestión, promoviendo el arraigo de una cultura de preservación y conservación del patrimonio audiovisual colombiano.5 Un logro muy importante es haber creado una red de conocimiento y formación el SIPAC —Sistema de Información del Patrimonio Audiovisual Colombiano— que ubicó mediante una investigación a más de quinientas personas naturales y jurídicas tenedoras de colecciones audiovisuales, realizando talleres de formación y convocando desde 2004 un encuentro anual, gracias a la coordinación que se mantiene desde la oficina gubernamental de este ministerio. Presente y futuro digitalComo moda que hoy se impone, los formatos digitales y los soportes donde se almacena la ahora denominada información, es decir la imagen y el sonido, codificados en unos y ceros, se presentan como una fórmula salvadora para conservarlo todo y por largo tiempo. Sin embargo, esta lógica montada sobre la eficiencia y el rendimiento, es la que sustenta la conservación digital: multiplicación de una memoria artificial, cada vez más pequeña, cada vez más inmaterial y de otro lado la velocidad, cada vez en aumento, con que se procesan los datos "memorizados", si se pudiera decir, porque no cabe exactamente hablar de almacenamiento. Los procesos digitales son herramientas que cambiaron la producción, distribución y exhibición de lo que conocimos como cine. Además la "digitalización" de contenidos de archivo, así como la necesidad de consultarlos y ponerlos al acceso público vía Internet, es la mejor forma de socializarlos. No se puede olvidar que la conservación, en un momento en el que los soportes materiales están mutando, no es una reflexión para los archivos audiovisuales donde la responsabilidad se resuelva a corto sino, por el contrario, a largo plazo. Otro de los legados que nos ha dejado la era digital es el de la restauración de la imagen, el color, el sonido hasta límites que han llegado a superar, es decir falsear o cambiar, el original.
Recientemente, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood divulgó los resultados de un estudio que había sido encargado desde 2005 y que se hizo público bajo el título The Digital Dilemma, un pdf en inglés, por ahora, está disponible previo registro en el sitio web de esa institución. Los autores de este documento, Andy Maltz director del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Academia y el experto en preservación Milt Shefter, después de dedicar muchos apartes a los métodos seguros de transmisión, distribución y exhibición de los contenidos digitales con miras a no permitir una gestión que no respete la propiedad y que en definitiva corte con la que llamamos piratería, dedican algunos espacios a lo que ven como un problema: la conservación a largo plazo de las "matrices digitales". Lo primero, y lo que a todo el mundo interesa, son los costos según nuestros expertos, y esto, cabe pensar, se aplica para los Estados Unidos: almacenar de forma técnica y controlada un máster digital de una película de largometraje, de duración promedio es decir dos horas, cuesta al año unos 12.514 dólares. Calculan que, actualmente, almacenar por un año los elementos de preservación de una misma película en soporte fotoquímico tradicionales cuesta 1.059 dólares. El verdadero problema para los archivos es que ahora las matrices son híbridas y no se puede hacer nada: así se producen las películas en la actualidad, una parte puede ser en cine, otra en datos y otra en video o audio digital. Se advierte otro dilema. Frente a la incapacidad del mercado tecnológico, quien es en últimas el gran regulador, de encontrar o pactar un estándar universal de almacenamiento, todas las reproducciones en digital, así como los máster "archivados digitalmente", tendrán que repetirse, en sucesivas migraciones o trasferencias, por lo menos cada cinco años, so pena de perderse. Esto porque "los paquetes" -el software- y sus formatos o porque la máquina -el hardware- cambian de forma permanente y vuelven obsoletos los procesos y el equipamiento. Más allá de preguntarse quién y bajo qué parámetros se deben llevar estas continuas duplicaciones, imagínense el título del manual: "Controles de calidad en las migraciones digitales", el llamado que hace el Consejo Técnico de la Academia es al oído de todos los interesados: "si permitimos que la obsolescencia tecnológica se repita a sí misma, estamos atados a costos continuamente en aumento o, peor, a la incapacidad para salvar activos (entiéndase películas, "obras maestras", documentos audiovisuales) importantes". Por lo que a Colombia atañe, más vale seguir consolidando los métodos y procesos probados, sin olvidar que una apropiación y adaptación de los modelos imperantes y cambiantes es, hoy como antaño, un atajo para intentar superar la secular dependencia. 20 de enero de 2009 1 Maestro catalán que llegó a Colombia en los finales del decenio de los cuarenta. Había participado como extra en la mítica Napoleón (Abel Gance, 1927). En Colombia no solamente pasó por ser el iniciador de una cultura cinematográfica en los años cincuenta del siglo XX, sino que es coautor de La langosta azul (1954), donde también hace un pequeño "cameo". Sus últimas "apariciones" fueron en Este pueblo no hay ladrones (A. Isaac, 1965) y Reed México insurgente (P. Leduc 1973). Falleció en México en 1983. 2 Se ha logrado preservar Flores del Valle (1941), primer largometraje sonoro en Colombia, Golpe de gracia (1944), Sendero de luz (1945), El sereno de Bogotá (1945) y La gran obsesión (1955) primer largometraje colombiano de producción nacional en colores y los fragmentos de Allá en el trapiche (1943), Antonia Santos (1944) y Bambucos y corazones. Igualmente obras y registros de otros archivos, se han intervenido los más destacados: Expedición al Caquetá (1930.31) y La huerta casera (1947) Cinemateca Distrital; fragmentos en blanco y negro y color del fondo Kathleen Romelli del Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca. 3 Los negativos de imagen y sonido de Tiempo de morir (1985) y Visa USA (1986) coproducciones realizadas con Cuba fueron trasladados a México ante el riesgo que corrían por las condiciones en la isla y duplicados en estudios Churubusco-Azteca. 4 Soñar no cuesta nada, Bluff, Los actores del conflicto, Paraíso travel, Perro come perro, Yo soy otro, Ni te cases ni te embarques, son algunos de los títulos recibidos. 5 Becas de Gestión de Archivo y Centros de Documentación Audiovisual y las convocatorias anuales de los Encuentros Nacionales de Archivos Audiovisuales, son las acciones más destacadas. |
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