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Viajar para seguir viajando: el viaje en Rapsodia en Bogotá

Por Rito Alberto Torres
Subdirector Técnico de la FPFC

Imagen de "Rapsodia en Bogotá"

El pasado 4 de agosto se estrenó la versión restaurada y completa, nunca antes vista en los cines de la ciudad, de uno de los cortometrajes más importantes de la cinematografía nacional: Rapsodia en Bogotá, realizado bajo la dirección de José María Arzuaga entre 1962 y 1963. Esta película es el viaje desde el amanecer hasta la alborada siguiente, en escasos 24 minutos, de un largo día acompañado, por supuesto, de su respectiva noche. Esta travesía fílmica no es solamente en el sentido cronológico del transcurrir de una jornada sino también en la de la descripción de los lugares que por entonces eran el epicentro de la ciudad, sin descuidar los extramuros y los sitios en donde se estaba construyendo la nueva ciudad, la que daría paso a la urbe de hoy. Este periplo por el diario palpitar de la ciudad y por sus espacios más significativos hace de este singular cortometraje una obra audiovisual que destaca, al igual que los estudios posmodernos, el viaje como núcleo de la vida urbana que por estas épocas adquiere un valor igual al de la casa. "la ciudad se impone como unidad indisoluble de «morada viaje», en el sentido que la pensó desde principios de siglo Walter Benjamin" nos refiere Néstor García Canclini en La ciudad de los viajeros1.

Viajamos para ir al trabajo y para volver, de él a casa; una vez allí emprendemos ese otro viaje virtual y metafórico frente al televisor o la pantalla del computador, no hay escapatoria. Mientras tanto en las aceras de las calles otros habitantes de la ciudad, que hacen parte de la población vulnerable de indigentes y marginales "viajan" poseídos por los estímulos y alucinaciones que las drogas ilegales les brindan. Porque, ¿qué es al fin de cuentas lo que entendemos como "evasión de la realidad", si no un viaje que no busca retorno al lugar de partida?, como, citando a J. Clifford, concluye Canclini: "me parece que a veces se viaja para seguir viajando" (James Clifford en Travelling cultures, 1992).

Imagen de "Rapsodia en Bogotá"

Por lo tanto en Rapsodia en Bogotá tienen secuencias destacadas los medios de transporte. En las imágenes del comienzo después de que el personaje del bohemio baja de un taxi y da comienzo la narración cinematográfica, los aviones que llegan y parten del aeropuerto dan la partida a este despliegue de velocidad y movilidad en la ciudad. Los buses y automóviles son captados en diferentes recorridos, así como las vías, calles y las incipientes autopistas por donde transitan. Una curiosidad que refuerzan la nostalgia son los vehículos de transporte ausentes en la Bogotá de hoy, como los buses "trolley" que se desplazaban impulsados por electricidad y el tren que en una hermosa secuencia abandona la Estación de la Sabana como si dejara para siempre la ciudad, algo que al fin de cuentas sucedió, sólo una década más tarde, cuando se impuso el transporte automotriz.

El “viaje” de la censura

Imagen de "Rapsodia en Bogotá"

Los productores que censuraron y cercenaron varios fragmentos de Rapsodia en Bogotá, más que censores se convirtieron en mutiladores cuando escogieron de una forma torpe los trozos que cortaron. Estos verdugos del cine son víctimas de la miopía mercantilista, buscando acortar la duración del cortometraje para tratar de agradar a una audiencia que creían tan insensible como ellos, sin ningún criterio y sin tener en cuenta que el contrapunto de imágenes y música son uno de los elementos que le dan originalidad y sentido estético a la obra procedieron a quitar fragmentos según su parecer. Por ejemplo en algunos de los planos iníciales que muestran a los perros callejeros husmeando en las canecas de basura, cercenaron casi un minuto y así a lo largo de la película fueron cortando lo que les parecía que alargaba para ellos innecesariamente el filme. De seguro obedecían a alguna "lógica comercial" que de hecho obliga a que un cortometraje debe durar no de acuerdo a lo que la lógica interna de la creación de la obra determina, con su plena autonomía, sino que debe ser de una duración que se acomode a las exigencias de la programación y a los horarios de las funciones de las salas de cine, que siempre ven a los cortos de producción local como incómodos rellenos que deben ser exhibidos antes de los cortos publicitarios, los avances o como suelen llamarles "trailer" y de la película principal de largometraje.

Los planos generales que muestran los buitrones de las industrias que elevan sus escapes de humo sobre la ciudad fueron cortados y desechados; sin embargo la parte que más ofende la estructura original del montaje que había determinado Arzuaga para su Rapsodia en Bogotá y que fue suprimida, en la versión que se dio a conocer en 1963, es la que muestra en la mitad del filme aspectos del trabajo en una oficina típicamente citadina y a otra de la parte final en donde se registra la vida nocturna de diversión con música, baile y licor. Estas secuencias, algunas de las cuales se han integrado en un videoclip que acompaña esta nota, son trascendentales para entender la narrativa cinematográfica de Rapsodia en Bogotá que utilizando unos personajes identificados por las acciones que ejecutan: el baño matutino, el trabajo en la oficina, la salida vespertina a pasear por los parques y finalmente la intensidad con que disfrutan la noche, (nos) representan a los habitantes de la ciudad con ese poder totalizador que el mejor cine, el realizado por maestros, tiene y del cual Rapsodia en Bogotá es una muestra única, de un gran valor cinemático, que muchas ciudades quisieran tener.

1 García Canclini Néstor, La ciudad de los viajeros: Travesías e imaginarios urbanos: México 1940-2000, México Universidad Autónoma Metropolitana, Editorial Grijalbo, 1997.

 

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