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Hernando Salcedo Silva (Bogotá, 1916-1987):
la pasión por el cine, en una vida dedicada a la cultura

Por Rito Alberto Torres
Subdirector técnico de la FPFC

Hernando Salcedo Silva

Hernando Salcedo Silva se desempeñó en el ámbito de la cultura colombiana, de forma ejemplar, durante más de tres décadas, como gestor, promotor y periodista cultural, desde cuando apareció su primer escrito en el diario El Espectador, el 23 de julio de 1952. Según se ha venido a saber, en las sesiones del Cine Club de Colombia, a las cuales asistían tanto Salcedo Silva como el novel periodista costeño Gabriel García Márquez, después de la reunión n.º 33, en la cual se proyectó Nanook el esquimal (Nanook of the north, 1922) de Robert Flaherty, frente al entusiasmo que mostró Salcedo Silva y con el cual se refirió a esa película, García Márquez le cedió el espacio de su habitual columna para que debutara como comentarista de cine en la prensa nacional.

Este gesto de nuestro Nobel marcó la existencia de Salcedo Silva, quien siempre mantuvo una actitud munificente con su conocimiento y los bienes materiales: «ponía a disposición de todos con enorme generosidad todo aquello que para él era importante y que debía serlo también para otros» según comentó su contemporáneo, el crítico de más amplia trascendencia para la formación de una cultura cinematográfica en el país, Luis Alberto Álvarez (1945-1996), en una nota aparecida poco meses después de la desaparición de Hernando Salcedo Silva, hecho que ocurrió en enero de 1987.

Su empeño como coleccionista lo llevó a recopilar con esmero materiales relacionados con sus grandes pasiones: el jazz, el ballet, las tiras cómicas, el cine y la literatura. Varias versiones publicadas, y todas las traducciones al español, que por entonces estaban disponibles, de la obra monumental de Marcel Proust En busca del tiempo perdido, hacían parte de su selecta biblioteca.

Como padre y maestro se empeñó en todas sus actividades, lo que lo llevó a dedicar parte de su tiempo a las labores de organización de tipo gremial y, por supuesto, a su hijo predilecto, el Cine Club de Colombia, sin descuidar la actividad como libretista y presentador en la radio cultural y redactor para la prensa escrita, donde siempre privilegió el acercamiento del público, en el sentido más general, a las expresiones de la cultura que él amaba y disfrutaba. De igual manera, mantuvo una conciencia clara y un espíritu abierto y curioso; de sí mismo afirmó, cuando ya estaba seguro de su proceder: «me llamaban "datero" porque sabía quiénes eran los directores, actores y los géneros».

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Facsímil del documento consular del último permiso de residencia, para su estadía en México, de Luis Vicens Estrada.

Curiosamente, Salcedo Silva no participó en el grupo de los doce que, comandados por el librero catalán Luis Vicens Estrada (Figueras, 1904-México D. F., 1983), crearon el Cine Club de Colombia en el año de 1949. Ingresó dos años después y para 1954 hacía parte del comité técnico, cuando esta asociación era presidida por el ilustre musicólogo, poeta y matemático Otto de Greiff (1903-1995). El Cine Club de Colombia fue la entidad pionera en el país en exhibir cine como un hecho cultural y logró formar un público en torno a lo que el mismo Salcedo Silva definió como «enseñar el cine a través de sus mejores ejemplos», durante los cuarenta años que estuvo activo.
 

Programa del Cine Club Colombia Miembros de la Junta Directiva del Cine Club Colombia (1949-1951 y 1951-1953)


Programa del Cine Club Colombia.


Miembros de la Junta Directiva del Cine Club Colombia (1949-1951 y 1951-1953).

Otra iniciativa, por entonces inédita en la cultura colombiana, a la cual dedicó su tiempo, fue la creación en 1966 de la Asociación de Amigos de las Tiras Cómicas, que luego se conocería como la Asociación Colombiana de Historietas Gráficas. Con ella buscaba valorar el cómic, en el escenario de la cultura nacional, y entre sus primeras actividades realizó la Primera Exposición de Tira Cómica Nacional que tuvo lugar en la galería Avenida 19 del Centro Colombo Americano de Bogotá, en agosto de 1967. Ese mismo año, gracias a la gestión con la empresa privada, logró la publicación de Superhistorietas, la primera revista del género que se conoció en el país, con tiras cómicas de autores colombianos.

Con una postura ética que privilegia el bien común, como buen cristiano que fue, Salcedo Silva se entregó de lleno a iniciativas para buscar mancomunadamente el desarrollo de los grupos que desplegaban sus actividades alrededor del cine. Fue así como en 1971 propulsó la creación de Acopecine —Asociación Colombiana de Periodistas de Cine—, entidad que funcionó hasta 1976 y en la cual se empleó a título honorífico.

Otro de los pilares de su pedagogía cinematográfica fue el apoyo y la asesoría para el establecimiento de cineclubes en el país. Desde 1957, en Bogotá, el Cine Club de Colombia convocó a reuniones; diez años después en la ciudad de Barranquilla, Salcedo Silva continuaba al frente de los conatos para organizar una federación nacional, esta vez a instancias del Cine Club de Barranquilla, del cual hacía parte García Márquez. Estos intentos duraron un buen tiempo en consolidarse y fue hasta 1978 que se conformó la Fecolcic —Federación Colombiana de Cine Clubes— de la cual fue designado como director Hernando Salcedo Silva. Mientras tanto, en todo ese lapso, «el padrecito», como era ya dado llamar a Hernando Salcedo Silva, cumplió con el préstamo y tráfico, por medio de la Cinemateca Colombiana, de las películas de cine arte, una colección de clásicos, primera iniciativa de esta naturaleza en estas tierras, que adquirió las copias de sus primeras joyas cuando corría el año de 1957.

Henry Langlois

La creación de una cinemateca en Colombia se debió, como en el caso del célebre Henri Langlois (1914-1977), artífice de la Cinemateca Francesa, a una obsesión enciclopédica y desmesurada de HSS, apenas contenida por la escasez de recursos para adquirir películas. Sin lugar a dudas, como es de amplio reconocimiento, no existirían las pruebas de un patrimonio cinematográfico nacional en un archivo fílmico, sin el fervor con que Salcedo emprendió las tareas de recolección de los vestigios materiales del cine nacional que, gracias a sus esfuerzos, se salvaron de la desidia y el menosprecio. En estas labores fue secundado por el periodista e historiador Jorge Nieto Díaz, a partir de los años setenta del siglo pasado, en la entidad que se conoció con el nombre de Fundación Cinemateca Colombiana, directa predecesora de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, en cuya creación participó el propio Salcedo Silva en el año de 1986, con el Cine Club de Colombia, pocos meses antes de su fallecimiento.

El entrañable amor por el cine y por las producciones de origen nacional estuvieron siempre presentes en la vida y, en este caso valga la pena reafirmarlo, «una vida para el cine colombiano», que fue la suya. Como director del Departamento de Cine de la Radiotelevisora Nacional, entre los años 1959 y 1961, promovió la realización de varios cortometrajes y la difusión de las películas que la naciente televisión encargaba a los cinematografistas y que se rodaban en soporte fílmico, para su posterior difusión a través de las ondas electromagnéticas.


Fabio Enrique Medellín V., Hernando Salcedo Silva y, tras el estante de la derecha, don Jorge Nieto Díaz.

 

Crónicas del cine colombiano 1897-1950

Su otra vida, su complemento y vehículo para la promoción de las expresiones culturales, que eran su pasión, fue la formación de los espectadores por medio de la divulgación cultural, la cual ejerció de forma permanente mientras tuvo vida. Los artículos sobre nuestra cinematografía los seleccionó, con su habitual rigor, para hacer parte del libro Crónicas del cine colombiano (1982) única recopilación que se ha publicado hasta ahora de su vasto trabajo como redactor, cronista e historiador del cine nacional, y que fue distribuida bajo el sello de Carlos Valencia Editores.

Boletín de programas de la Radio Nacional, número 41

Mantuvo una vinculación con la Radiodifusora Nacional (hoy Radio Nacional de Colombia) donde realizó, con el mismo amor y cuidado, diversas temporadas de programas a lo largo de varias décadas, casi siempre de media hora de duración; espacios que formaron e informaron a varias generaciones de colombianos acerca del cine en los programas Hablemos de cine y La música en el cine. Su colección de discos, así como la búsqueda constante de joyas poco difundidas de la discografía jazzística, tuvieron cabida en espacios radiofónicos como Música y estética en el jazz, con los cuales complementó su tarea de difusor cultural, un destino al cual nunca se negó y sobre el cual siempre mantuvo una disposición de ánimo inquebrantable y de servicio, como cuando realizaba sus aportes al Boletín de programas de la misma emisora, una revista cultural que, además de informar acerca de la programación, contenía colaboraciones sobre temas culturales, en los cuales se hacía presente la pluma del siempre recordado Hernando Salcedo Silva.

Claqueta, año 1, número 2

 

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