Boletines > Noticias

 
 
 Bicentenario de la nación
  
 Orígenes del cine colombiano
 «Hemos de tener arte propio» (I)

Por Rito Alberto Torres
Subdirector técnico de la FPFC

Primeras filmaciones (registro), primeras representaciones (puesta en escena)

Se tiene referencia por la prensa escrita que las primeras «vistas» filmadas y proyectadas en Colombia se realizaron y exhibieron en Cali, según lo reporta el periódico Ferrocarril en una nota titulada Proyectoscopio del 16 de julio de 1899. Luego, ya en el siglo XX, hay más informaciones, también en los periódicos, acerca de filmaciones realizadas en Colombia; por ejemplo el programa presentado en el teatro Municipal de Bogotá en 1907, cuando se exhibieron 14 títulos de corto metraje, entre otros Vista del Bajo Magdalena en su confluencia con el Cauca, ¡en colores!, o El Excmo. Sr. Gral. Reyes en el Polo de Bogotá. Sin embargo, no se puede afirmar que estos registros sean muestras de un cine nacional, así hubieran sobrevivido vestigios materiales de esas filmaciones —lo cual no ocurrió—, porque de estos títulos se sabe gracias a los archivos de prensa y no llegó hasta nuestros días ninguna otra prueba física de su existencia. De todas formas, una cinematografía nacional, y lo mismo pasa con la colombiana, no se puede definir teniendo como perspectiva los productos fabricados en un territorio.

Proyectoscopio

La intención de los operadores de las cámaras que filmaron esas cortas películas era solamente la de captar paisajes, hechos y gentes en una actitud que no iba más allá del mero acto del registro, de recoger un catálogo de curiosidades, esta vez de la vida en movimiento. Algo que ocurrió simultáneamente en los países donde el cine se iba propagando, en primera instancia como espectáculo de feria, en una etapa inicial de expansión y afincamiento mundial. No había en esos «filmadores» más que una intención de presentar una realidad que acontecía frente a la lente de su cámara. Se comportaban como los padres creadores Auguste y Louis Lumière, que sólo le vieron a su Cinematógrafo las posibilidades científicas de estudio del movimiento.

Aviso de "La fiesta del Corpus"

Es lo que ocurre con La fiesta del Corpus (celebrada el 6 de junio): es el registro fílmico más antiguo que se conserva, estrenado en Bogotá el 17 de junio de 1915, bajo el lema de «Primera película nacional», por la Empresa de Películas Nacionales de Di Domenico Hermanos & Co., que también la dio a conocer y puso a disposición para «venta o alquiler» como Procesión del Corpus en Bogotá en 1915. Los Di Domenico, de origen italiano, son los pioneros de la producción y realización cinematográfica en Colombia. Como podemos observar en dos avisos, uno de El Espectador (15 de junio de 1915) y otro de la revista Olympia (2 de octubre de 1915), se acude al nacionalismo presentándose como La empresa de películas nacionales y a esta actualité como la primera película nacional.

Aviso revista Olympia

Recae en esta Fiesta del Corpus, registro fílmico de un hecho destacado, una actualidad, ser la más antigua que ha llegado hasta nuestros días. La primera «actualidad» (traducción del francés actualité) es de la autoría de los hermanos Lumière y vendría a ser La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir (Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir), del 22 de marzo de 1895. La fiesta del Corpus o Procesión del Corpus usan indistintamente el mismo nombre, pero al ser fechadas en 1915 queda claro que es la misma película: el hecho de no normalizar el título por parte de Los Di Domenico de sus productos fílmicos, al momento de anunciarlos para comercializarlos, demuestra que lo que primaba en este caso para los realizadores era enfatizar sobre la importancia del acontecimiento filmado.

Se nota en La fiesta del Corpus (celebrada el 6 de junio de 1915) que los pocos cambios de encuadre van en busca de la acción, de la movilidad de la multitud de feligreses, por lo tanto hay una intención narrativa, que se vale de las imágenes en movimiento, para hacer un recuento de las acciones que acontecen. Hoy, además en virtud de su antigüedad, es un documento histórico donde se muestra el desfile a la salida de la Catedral Primada en Bogotá en el atrio, que funge de escenario en donde los ámbitos de lo religioso y lo civil se mezclan. La cámara en posición de contra picado, entre otras secuencias, dejó para la posteridad la procesión de un grupo de notables y devotos que se confunden entre bandas de guerras con sacerdotes y los inevitables curiosos que son seguidos por un «batallón de niños» de condición humilde que, armados con fusiles de madera, marchan mientras se avecina un aguacero, que el objetivo de la cámara no alcanza a captar por el resplandor de la luz solar, pero que quedó registrado en la actitud de los marchantes y en el encendido simultáneo de paraguas y sombrillas. (Ver video adjunto con el registro completo). Un documento fílmico que se logró conocer y preservar gracias a que encontró refugio en el acervo que se conoce con el nombre de Archivo Histórico Cinematográfico de los Acevedo.

De los otros títulos que se anuncian en el aviso de la Revista Olympia, órgano de promoción comercial de la empresa de los Di Domenico, como por ejemplo Una notabilidad rural o La hija del Tequendama, no se han podido encontrar pruebas fílmicas; las notas encontradas en los archivos de prensa tampoco permiten asegurar que fueron estrenados y exhibidos. Sin embargo, los Di Doménico se pueden identificar como los pioneros en la representación de los temas de un cine nacional. Observando el aviso con detalle, encontramos el anuncio de un título: Ricaurte en San Mateo (1915) «cinta lista para venta o alquiler»: una película sobre el héroe de San Mateo, de quien el himno nacional refiere que «en átomos volando, con llamas escribió», es por lo tanto la primera noticia sobre una «puesta en escena» en cine de un tema y un personaje relevante de la historia nacional, en este caso perteneciente a la gesta de independencia, de la cual se acababa de celebrar en 1910 el primer centenario de su ocurrencia. El hecho de presentarse como «en ensayo» puede entenderse de una parte como no terminada, lo cual reafirma su carácter de representación, de puesta en escena aún en ensayo. De otra parte, se puede entender este anuncio como que se prestaban los filmes para que los interesados en alquilarlas o comprarlas, probaran las audiencias a las cuales dirigirían sus exhibiciones, lo cual hablaría muy bien de la forma de mercadear de esta primera Empresa de Películas Nacionales.

Del mismo año, 1915 y gracias al libro Tiempos del Olympia (J. Nieto y D. Rojas, primera edición 1992), se encuentra otra referencia a una puesta en escena: precisamente en la página 100 dice «…fotograma posiblemente lo único que queda de la conflictiva película El drama del 15 de octubre». Aunque los autores no reseñan la fuente periodística de donde proviene su hallazgo, sí señalan e identifican esta representación como «La alegoría de la Libertad». Es una secuencia de escasos segundos que se atribuye como perteneciente al primer largometraje realizado en Colombia, El drama del 15 de octubre, también de los Di Domenico. Es, por lo tanto, la primera filmación con puesta en escena y primera representación simbólica de nuestra cinematografía que, en imágenes movimiento, ha llegado hasta hoy.

Las alegorías como creaciones que construyen «una ficción en virtud de la cual algo representa o significa otra cosa diferente», según las define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, son entonces el modelo que tomaron los Di Domenico para realizar la primera puesta en escena del cine nacional. En Colombia, gracias a la pintura y sobre todo a la fotografía de finales del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX, las alegorías eran muy populares y apreciadas como manifestaciones artísticas de primer orden, como lo advierte el investigador J. E. Jaramillo-Zuluaga en su artículo «Cuando Colombia era un país de alegorías»1 publicado en el Boletín Cultural y Bibliográfico n.º XXX del Banco de la República de 1995:

En aquella época, y aun mucho antes, Colombia era un país de alegorías. Frente al largo hocico de las cámaras fotográficas, los objetos y los seres se transformaban mágicamente en una idea, un paisaje idílico o un inolvidable momento histórico.

Esta alegoría filmada, es decir captada en una sucesión fotográfica, que al ser proyectada produce la ilusión del movimiento, que es indicada como una alegoría a la Libertad, es la versión o adaptación local de los tableaux vivant, una forma de representación popular en Europa en el siglo XIX que, acudiendo a la iconografía pictórica para su inspiración, recoge una representación que busca trasmitir, mediante una puesta en escena, sentimientos e ideas como la libertad o el amor. Es también la forma que adoptarán las primeras puestas en escena de tipo teatral en el cine, por ejemplo, y para seguir en Francia en las películas de Georges Méliès.

Algo similar es lo que presenta el fragmento fílmico La alegoría de la libertad, que sucede en un espacio significativo y escenográfico: el mausoleo, en piedra de tipo neoclásico, en el Cementerio Central de Bogotá, donde reposan los restos del general Rafael Uribe Uribe, líder liberal que fuera asesinado un año antes, en 1914. En este caso, la libertad, representada por una figura adolescente de baja estatura, contextura rolliza y rasgos indígenas, ataviada de túnicas, con bandera en una mano a cambio de lira, recoge la rama de laurel con la otra, mientras con su dedo índice señala, destacando con sus acciones el escenario. Aunque en los tableaux, como en las alegorías básicamente fotográficas, las condiciones para la representación exigían total quietud y silencio: en esta versión criolla se aceptan salvedades como el movimiento de la cámara de arriba a abajo en su eje vertical, que destaca la monumentalidad del mausoleo.

Las alegorías fueron conocidas, adoptadas y adaptadas en América en el periodo colonial y se cree fueron introducidas en el siglo XVIII. Las más conocidas, después de la de América, era la de la libertad, eran habituales formas de representación que, mediante una puesta en escena, permitían una fácil interpretación, como lo afirma Juan Ricardo Rey Márquez en su artículo aparecido en Cuadernos de curaduría (No. 2 de 2005), a propósito de las alegorías presentes en la colección de numismática del Museo Nacional titulado Los indígenas europeos: la «india de la libertad»:

... desde la independencia las imágenes de indígenas en alegorías republicanas son recurrentes como símbolo de la libertad o como símbolo de América.

La anterior afirmación resalta las características de nuestra espontánea «actriz» en la alegoría de la libertad que, instalada sobre el mausoleo de Uribe Uribe, representa el rol asignado, vinculando esta puesta en escena, con imágenes en movimiento, en los orígenes de la cinematográfica nacional con las formas alegóricas «de reivindicación social de los indígenas ideadas en la independencia», de la cual la más famosa es el cuadro de Pedro José Figueroa (1780-1838) Bolívar y la alegoría de América. Este aserto, comentado por el mismo Juan Ricardo Rey Márquez en Los indígenas europeos: la «india de la libertad», es una posibilidad que el autor no reafirma. De todos modos estas imágenes en movimiento comparten una forma elemental e ingenua de una búsqueda para dar expresión a la idea de libertad sobre la tumba del líder asesinado, tema este último que recorre, ya no la historia de nuestro cine, sino la de la vida política y social de Colombia en el siglo XX.

La alegoría de la libertad, 1915, de Vincenzo y Francesco Di Domenico
 
  Bolívar y la alegoría de América, 1819, de Pedro Manrique Figueroa
 
La alegoría de la libertad   Bolívar y la alegoría de América

«DESDE LA INDEPENDENCIA LAS IMÁGENES DE INDÍGENAS EN ALEGORÍAS REPUBLICANAS SON RECURRENTES COMO SÍMBOLO DE LA LIBERTAD O COMO SÍMBOLO DE AMÉRICA»

Otros autores, en publicaciones recientes como Cinembargo —ensayos críticos sobre cine y cultura— (Juana Suárez, diciembre de 2009) o ¡Acción! Cine en Colombia (Pedro Adrián Zuluaga, 2007) destacan la importancia de El drama del 15 de octubre como primer largometraje del cine nacional y la polémica que terminó por propiciar su censura que impidió la exhibición pública y propició su desaparición, debido entre otras cosas a la aparición en la cinta de L. Galarza y J. Carvajal, los asesinos de Uribe Uribe, pero no destacan la conexión entre las metáforas y las alegorías pictóricas y fotográficas con La alegoría de la libertad, aunque acogen la noticia de su existencia. Una película de Luis Crump del año 1986, Alegoría a la libertad, recoge en una ficción donde pone en escena, en una reconstrucción de época, el ambiente que ocurría en los gabinetes fotográficos de la Bogotá de 1896.

1 Vale la pena anotar que en el país el uso de las alegorías es frecuente para la ceremonia de inauguración de los IX Juegos Sudamericanos en Medellín: el 18 de marzo de 2010 se echó mano de un espectáculo alegórico que se denominó Un viaje fantástico por Antioquia (ver nota de prensa).

 

    Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano © 2004-2009, todos los derechos reservados
    Carrera 13 No. 13-24 Piso 9. Auditorio. Bogotá D. C., Colombia.
    Teléfonos: (57-1) 281 5241 / 342 5182 / 283 6496, fax: (57-1) 342 1485